27 Abr

Educación anti manadas

Tengo un hijo pequeño.
Cuando sea un adolescente, probablemente beberá alcohol los fines de semana.
Quizá hasta se fume un porro o dos.
Querrá tatuarse.
Teñirse el pelo de azul.
Agujerearse las cejas.
Llevar la ropa raída porque eso es lo cool.
Tal vez escuche esa bazofia llamada trap que algunos se empeñan en catalogar como música.
No lo sé.
Pero la verdad es que nada de todo esto me importa.
Porque en la adolescencia, lo natural, es buscarse a uno mismo sin encontrarse.
Yo no voy a decirle a mi hijo quién tiene que ser.
Yo lo que voy a hacer es educarlo.
Educarlo para que, fundamentalmente, sea una buena persona.
No un abusón.
Ni un matón.
O un maltratador.
Para que no utilice nunca el poder de su condición masculina para atemorizar ni hacer daño a una mujer.
Ni vejarla.
Ningunearla.
O despreciarla.
No quiero que mi hijo forme parte nunca de ninguna manada.
Ni quiero que ninguna mujer tenga que correr si se encuentra a mi hijo sola por la calle de noche.
Y quiero que entienda que, el día de mañana, cuando esté con una mujer, o un hombre, me da igual, todo vale mientras haya respeto mutuo.
Consentimiento.
Lo que no vale es dar por hecho que.
Si me ha dejado que la bese, entonces querrá que le meta la mano dentro de las bragas.
Si me ha dejado que le meta la mano, ya no hay marcha atrás.
Pero siempre la hay.
Siempre hay marcha atrás.
Se llama educación.
Se llama respeto.
Y se llama igualdad.
Madres y padres del mundo.
Dejemos de educar a nuestras hijas para que se protejan.
Empecemos a educar a nuestros hijos para que no las agredan.
Enseñémosles que la piel no es un pasaporte hacia ninguna parte.
Eduquemos a personas.
No a monstruos.

17 Nov

Yo sí te creo

A ella la violaron dos veces.
La primera, cinco degenerados que se hacen llamar La Manada.
Yo preferiría llamarlos La Piara.
Porque eso es lo que son.
Cerdos.
Así, sin presunción ni paliativos que valgan.
La segunda, la justicia patriarcal esta.
Porque después de violarla a ella, violaron su intimidad.
La siguieron.
Para probar que su vida era normal.
Demasiado normal para haber sido violada.
Porque, imagínate.
Si sales a la calle.
Subes una foto a tu Facebook.
Vuelves a pintarte los labios.
O sonríes.
Seguro que fue consentido.
Que te los follaste a los cinco porque te dio la gana.
Porque eres una guarra.
Tu fama te precede.
Y eso al juez le vale como prueba.
Al juez y a las redes sociales.
Que son la inquisición del siglo XXI.
La familia de La Manada/Piara ha pedido que se preserve la identidad de los degenerados.
Por respeto, dicen.
Sí, has leído bien.
Por respeto.
El mismo respeto que no supieron enseñarles a sus hijos.
Porque para violar.
Violentar.
Agredir.
Grabarlo en vídeo.
Y después dejarte tirada.
Sin móvil para que puedas pedir ayuda.
Para que puedas recomponerte.
Jactarse en un Whatsapp.
Como si en vez de ser los mierdas que sois, fueráis los putos amos.
Para llegar a todo eso y no sentir asco de uno mismo.
Pero asco de verdad.
Tienen que haberlo hecho muy mal con vosotros.

11 Ago

Juana. Y todas las demás

Que una mujer llegue borracha a su casa de madrugada tras haberse corrido una fiesta de campeonato -o dos, o tres- no legitima el maltrato.

No legitima los golpes ni los insultos.

No la convierte en víctima potencial.

Ni en culpable de nada.

No debería.

Porque una mujer es libre de hacer con su vida lo que le dé la gana.

Debería poder serlo.

Poder ponerse la falda más corta.

O no ponerse nada.

Y que no la señalaran.

Puta. Si es que vas provocando.

Porque una mujer no es de nadie, salvo de sí misma.

No es de su maltratador.

Aunque se aferre a él.

Qué sabe nadie por qué lo hace.

Quién se cree que es nadie para juzgar por qué lo hace.

Que un hombre maltrate a su mujer debería bastarle a esta justicia secuestrada para entender que ese monstruo no puede ser un buen padre.

No. Jamás.

Qué no harías tú para proteger a tus hijos?

Que exista Juana debería darnos miedo.

Juana y todas las demás.

16 Feb

A mí también

A mí también me han discriminado por ser mujer.

También me han preguntado si pensaba tener hijos en una entrevista de trabajo.

O me han contratado por un sueldo más bajo que a otro compañero que hiciera lo mismo.

O me han excluido de alguna reunión. ¿Lo entiendes, verdad guapa? Es que ya somos muchos en la sala.

A mí también me han dicho que tengo suerte de que mi marido me ayude en casa. Como si él pasara por allí. Como si mi hogar no fuera su hogar también, con todos los derechos y obligaciones que ello implica.

También me han aconsejado que nunca le diga que no porque si no, rapidito se busca a otra que le caliente la cama. Como si el sexo fuera un deber y no un momento de intimidad suprema entre dos personas que se desean.

A mí también me han venido con eso de que las mujeres somos el sexo débil. La falacia más grande de la historia.

O que el amor duele. Otra mentira tolerada.

Leer más

07 Mar

Diagnóstico: Garrulos emocionales

Vale, esto es verídico.

Una pareja se besa apasionadamente en el pasillo que une la línea amarilla del metro de Barcelona con la roja. La cantidad de reacciones que contabilicé en menos de un minuto no me cabe en ambas manos. Reacciones que, dicho sea de paso, oscilaban impunemente entre la burla y la falta de respeto.

Os estaréis preguntando qué tiene de especial que dos personas se coman la boca en público en los tiempos que corren, ¿verdad?

En efecto, habéis acertado: Eran dos tías.

Y sí, tampoco os equivocáis en esto: Estoy indignada.

Leer más

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies