06 ago

La esclavitud estival del cuerpo

Este verano, luce silueta por fin.

Cada vez que paso por delante de un gimnasio, un centro de estética o una tienda de productos dietéticos y veo uno de esos jodidos carteles reclamo, me entran ganas de atiborrarme a donuts. Pero por joder a los evangelizadores de la belleza, básicamente. No sé vosotras, pero yo estoy harta de que se manipule la imagen de las mujeres con pretextos tan absurdos como la salud o esa palabra tan de moda ahora, wellness, porque es mentira. La cosa no va de salud. Va de etiquetarnos, como siempre. Y no. No hay que tener curvas para ser una mujer de verdad, ni caber en una talla 34 para sentir que no le debemos nada al mundo. No se trata de eso. La auténtica feminidad no tiene nada que ver con la forma de nuestros cuerpos, por muchos siglos que nos lo lleven vendiendo así. La feminidad va de comprensión, de las redes que sólo nosotras sabemos tejer, de sororidad, de fuerza. Y los cánones estéticos de los que todas somos/hemos sido víctimas, un envoltorio bonito, pero falaz, efímero, debilitante, aprisionador. No tenemos por qué pedir perdón por el cuerpo que la naturaleza y la genética nos han otorgado. Gruesas o delgadas, qué más da si parece que siempre va a ser demasiado, que nunca va a ser suficiente. Yo sin ir más lejos, bailo entre la talla 40 y la 42. Tengo cartucheras. El culo redondo como una plaza de toros. Unos muslos que se rozan constantemente cuando camino en pantalón corto. Y ni os cuento qué tetas se me han puesto desde que soy mamá. Y qué? Acaso estoy condenada al ostracismo por ello? Acaso se creen en los gimnasios, los centros de estética o las tiendas de productos dietéticos que voy a salir de mi casa envuelta en un burka? Que me voy a negar a mí misma el placer de sentir en mi piel las olas del mar este y todos los veranos que tengo por delante? Luce silueta una mierda. Yo no quiero lucir silueta. Quiero vivir la vida sin complejos que para eso es de un solo uso. En verano y en invierno.

01 ago

Agosto

Antes me gustaba agosto.

Antes, cuando el horizonte estaba lleno de posibilidades.

Y las noches eran cortas pero eran largas.

Y el whisky se bebía sin hielo.

Sin miedo.

Ahora que muchas certezas han caducado, agosto ya no es agosto, sino una transición.

Una mera cortina de humo.

Un pasatiempo.

La letra de un tango intenso y fugaz que dice que es un soplo la vida.

Y que veinte años no es nada.

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