16 mar

Carpe Diem

El mundo no necesita más malas noticias.
Ni más periódicos.
Ni más análisis.
Ni conjeturas.
Especulaciones.
Futuribles.
Días de mañana.
El mundo necesita más días de hoy.
Más ahora.
Más momentos.
De esos cortos pero que parece que duran una vida.
No necesita más zonas cero el mundo.
Necesita más aquí.
Más contigo.
Más con todos.
Con todas.
Más Carpe Diem y menos ansiolíticos.
Necesita más versos.
Más poesía.
Poesía, qué diablos!
Más música y menos ruido.
Más hombres que lloren.
Más mujeres que rían.
Más niños que sigan siendo niños.
Y más piel.
Más abrazos.
Más besos.
Más orgasmos.
Más dedos en busca de esos orgasmos.
Sin pudor.
Ni tantas normas.
O códigos.
Y las etiquetas, sólo en la ropa.
El mundo necesita que le hagamos el humor.
Y el amor.
Más te quiero y menos silencio.
Necesita que apartemos la vista del teléfono y miremos en otra dirección.
Necesita menos máquinas.
Más almas.
Menos burbujas de plástico.
Y más lluvia.
Y más sol.
Y aire.
Frío o calor.
Menos centros comerciales.
Más cerezos en flor.

15 feb

El hombre de ébano

Lo veo todas las mañanas, sentado en la puerta de ese supermercado. Se le distingue desde lejos por el brillo de su piel de ébano y unas piernas largas y finas como las de un antílope; quién sabe si en otra latitud fue un corredor avezado. No obstante, su sello de identidad es la sonrisa asomada a sus labios de forma permanente para acompañar esos buenos días con un ligero acento que no se cansa de repetir. Nosotros, los demás, jamás nos miramos los unos a los otros. Caminamos arrastrando los pies como si la vida nos pesara una tonelada. Siempre desconfiados y circunspectos. El hombre de ébano y sonrisa franca no pide nada. Se limita a sentarse allí, en la puerta de ese supermercado, libre de la esclavitud occidental del tiempo y el espacio, permitiendo que el sol le dé en la cara y se vean sus cicatrices. Algunos dicen que es un caradura. Otros, un chiflado. Pero para mí, es un superviviente. La viva imagen de un hombre agradecido.

27 sep

Diez cosas en las que pienso cuando pienso en España

  1. En una clase política despreciable y muy venida a menos. Toda, sin excepciones. Desde la derecha mentirosa, rancia y corrupta que camufla su desvergüenza bajo un traje de firma y aplasta voluntades a golpe de recortes, hasta esa izquierda supuestamente tan progre que se ha dejado fagocitar por el inmovilismo.
  2. En la mala malísima memoria a largo plazo de los españoles y su absurda indulgencia votando. O dicho de otra manera, y por poner un ejemplo, en que los más de 7.500 millones de euros de las arcas públicas que han sido saqueados entre unos y otros no hayan conseguido que a los electores les tiemble el pulso a la hora de introducir la papeleta -ésa y no otra- en la urna.
  3. En la intolerable tendencia a la perversión de ciertos episodios nacionales del pasado. Mientras algunos se empecinan en apelar constantemente a la historia reciente de España para justificar la coyuntura actual, otros parecen haberse olvidado convenientemente de que ciertas heridas continúan abiertas y sangrando. De nuevo, la mala memoria.
  4. En un mercado laboral cada vez más hostil y precario, que deniega sistemáticamente segundas oportunidades, y en el que, a pesar del doloroso 23% de paro, la contratación de becarios -sí, has leído bien- ha crecido la friolera de un 350%. Becarios que, a diferencia de lo que ocurre en otros países, no siempre son remunerados, sufren jornadas maratonianas, o cuentan con responsabilidades que exceden con mucho la finalidad formativa de los contratos de prácticas. Un mercado laboral para el que valemos 655, 2 euros, frente a los 1.473 de Alemania, los 1.458 de Francia, o los 1.510 de Reino Unido. Que nos exige experiencia, conocimientos cada vez más multidisciplinares, capacidad para gestionar la presión y el estrés, y, por supuesto, que nos olvidemos de esa cosa tan exótica llamada conciliación. Y, a cambio, ¿qué nos ofrece? Un contrato temporal. O lo que es lo mismo, la posibilidad de dejar de ser una estadística durante unos pocos meses.
  5. En un modelo productivo basado en la sustitución de una burbuja por otra. Primero, la inmobiliaria; luego, la del turismo. De sol y playa, preferentemente. Un modelo para el que la tecnología, la ciencia o la industria no cuentan porque un lobby de engominados considera que construir aeropuertos fantasmas u hoteles en primera línea de mar es mucho más rentable.
  6. En unos medios de comunicación ridículamente controlados por el gobierno -no importa el color político- o ciertos conglomerados de empresas afines al gobierno, cuyas únicas funciones son, por un lado, crear una agenda perfecta para inocular el miedo y el pensamiento único en la masa; y por otro, asegurarse de que la masa siga siendo justamente eso, masa. Y todo ello funcionando a pleno rendimiento gracias a una clase periodística aduladora por convicción, o condescendiente por obligación.
  7. En una sociedad fundamentalmente desprotegida frente a los abusos de los poderes fácticos. Una sociedad que no entiende la letra pequeña, que no la ve, o que, ni siquiera la cuestiona.
  8. En una Administración Pública despótica, sobrecargada, parsimoniosa e ineficaz que recuerda demasiado a la que Larra ya retratase en su célebre Vuelva usted mañana de hace un par de siglos.
  9. En un país hecho de muchos pequeños países a los que no les da la real gana entenderse entre ellos a pesar de compartir la misma lengua y que se la pasan culpándose mutuamente de sus desmanes. Tú me robas más. No, tú.
  10. En un país que vive simultáneamente a dos velocidades. Mientras unos, los acomplejados, corren casi sin aliento para alcanzar el último vagón del carro europeo, otros, los apalancados, sobreviven respirando el cómodo aire de las subvenciones.
17 ago

Noruego para principantes

Según he leído, el número de españoles que emigran se ha incrementado en un 56% desde 2008. En números absolutos, ya son más de dos millones los que han abandonado la madre patria en busca de suerte. Así­ lo indica el Censo de Españoles Residentes Ausentes (CERA), al que por cierto, muchos de los expatriados ni siquiera llegan a apuntarse.

Me voy a tirar a la piscina: Voy a dar por hecho que, en su mayoría, se trata de jóvenes. Así­, a lo loco, sin consultar las estadísticas. Pero es que tampoco hace falta. Lo cierto es que este éxodo masivo que venimos sufriendo desde hace unos años radica en una única causa: la puta crisis y su consecuente falta de oportunidades. ¿Y quiénes han resultado ser las principales víctimas de este período prolongado de vicisitudes económicas? En efecto; los jóvenes. Y eso que el Gobierno -sí, el mismo que ahora está en funciones- se empeñó con gran atino en asociar el espíritu aventurero al perfil del joven emigrante y determinó como razón última del abandono de la patria nada más “inocente y comprensible” que las ganas de conocer mundo propias de la edad. Claro. Emular a Indiana Jones tenía más lógica que buscar un trabajo para poder sobrevivir.

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27 may

Ana. Peso muerto

Cuando la besé en las mejillas, sus pómulos cadavéricos golpearon mi rostro sin ninguna compasión. Tenía la mirada diluida en una tristeza exageradamente manifiesta y los dedos pelados y amarillentos.

-Es por los vómitos -dijo con una sorprendente naturalidad, extendiendo las manos para que pudiera observarlas mejor.

Llevábamos meses hablando a través de las redes sociales y habíamos quedado en una céntrica cafetería de Barcelona para conocernos por fin. Bueno, no. Fundamentalmente, era ella quien hablaba; yo me limitaba a escuchar.

Ana me había contado que estaba enferma desde hacía más de 20 años y en el preciso momento en que la vi de frente, me di cuenta de que llevaba escrita esa enfermedad en cada vértice de su cuerpo.

-No sé qué aspecto tengo. Tendrás que disculparme si estoy despeinada. No acostumbro a mirarme en los espejos -dijo.

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