25 ago

‘No’ es ‘no’

Cuando me enteré de que los presuntos -y digo “presuntos” como una cortesía al derecho penal nada más- violadores de San Fermín habían estado alardeando de su hazaña en un grupito de Whatsapp, no pude reprimir el instinto de opinar en público. Ese instinto, que con el único género que tenía algo que ver era con el humano, nació de mis tripas y brotó con fuerza hacia arriba, en dirección a mi garganta, hasta que salió disparado en forma de bilis. Así que me conecté a Facebook y, con los dedos llenos de rabia, escribí: “¿Y qué, machotes, cuando estéis en la cárcel y un puñado de convictos chungos os pongan en fila y os rompan el culo en seco, también se lo vais a contar a vuestros amiguetes de La Manada?”. Un análisis un pelín primario, ya lo sé. Pero, ¿qué otra cosa, sino escupir mi deseo de que les pagaran con la misma moneda a esos despreciables engendros medievales, podía hacer? Al fin y al cabo, es lo normal en situaciones como esta.

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07 jul

Una puta. Tercera parte

No entendí lo que dijo, pero a juzgar por la furia con la que había lanzado el móvil contra el lavamanos, deduje que se trataba de alguna palabra gruesa en su lengua materna.

-¿Qué ocurre? -pregunté contemplando atónita la pantalla resquebrajada por el impacto.

¡Es tersera ves en mes que cliente hijo de puta cansela servisio! ¡Estoy harta! ¡Harta! 

-¿Te han cancelado el servicio? ¿Y por qué? -quise saber.

¡Ay, mujer! ¿Por qué va a ser? -dijo haciendo aspavientos, con un tono que parecía dar por sentado que yo ya debía saberlo. –¿No ves que ya no soy ninguna ninia? Tengo 33 anios; estoy vieja para gusto de hombres que contratan putas de lujo –se lamentó con acritud.

La miré con perplejidad y tuve que contener las ganas de soltar uno de esos sonoros resuellos de indignación que se me escapan a veces.

¿Vieja?

Por lo visto, también hay putas de primera y de segunda.

Qué cruel puede llegar a ser a veces el mundo.

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10 jun

Una puta. Primera parte

Tendrás que haser rápido. Acaban de llamar de agensia para servisio en una hora más menos -dijo con un fuerte acento de algún país de Europa del Este, cuando me abrió la puerta.

La seguí hacia el interior de su lujoso apartamento en una zona bien de Barcelona que no desvelaré para proteger su intimidad. Como tampoco desvelaré su nombre. Ekaterina, Irina, Anya, Natasha… Qué más da.

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27 abr

Follen, amigos, follen

En esto que abro el Facebook y veo que un conocido me ha etiquetado en un vídeo.

En esto que me da por leer el titular, que reza, “Una pareja pillada practicando sexo en el metro de Barcelona” y me pica la curiosidad. Porque reconozcámoslo; es oír la palabra sexo y empezarle a uno a picarle todo.

En esto que le doy al Play, y a pesar de la pésima calidad del vídeo que algún curioso ha tenido a bien hacer con su móvil -por cierto, señor curioso, si me estás leyendo, la próxima vez, el vídeo en horizontal. Gracias-, me encuentro con una pareja que está ahí dándole al bombeo en pleno andén de la estación de Liceo. Sin escrúpulos. Sin vergüenza alguna. Sin que parezcan ser conscientes de que hay docenas de personas observándolos. Haciéndoles fotos. Riéndose, los muy cretinos. Como si el sexo provocase hilaridad. Como si a todos esos meapilas que se sonrojan mientras tuercen una decorosa sonrisa de soslayo no se les hubiera puesto dura al ver la escena. Y encima en directo. Sin tener que pagar un duro por un asiento en primera fila en la sucia cabina de algún Peep Show de barrio. Sin que su mierda de ADSL les joda la última peli porno de Orgasmatrix.com a mitad de la paja.

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