15 jul

Sherlock Holmes y el (in)comprensible panorama político español

-Me preocupa, Watson. Le noto un tanto taciturno y eso no es propio de usted. ¿Qué le ocurre?

Watson dobló el tabloide matinal por la mitad y lo lanzó de mala gana sobre la mesa.

-Qué observador es usted, Holmes -dijo tensando una sonrisa forzada pero efímera-. Lo cierto es que no dejo de darle vueltas a todo este asunto de las elecciones.

Sherlock negó con un gesto de la cabeza, recogió el periódico y lo depositó con sumo cuidado a los pies de su ajado sillón Chesterfield de piel oscura.

-No debería torturarse de esa manera, mi querido amigo. Afortunadamente, todavía quedan enigmas más interesantes por resolver que el panorama político español.

-Lo sé, lo sé. Lo que pasa es que… -se interrumpió para ponerse de pie-. Lo que pasa es que no consigo entender qué problema tienen los españoles -añadió, mesándose la barbilla.

-¿Quiere decir, además del desempleo, la corrupción, la crisis económica y la falta de transparencia democrática? -inquirió Sherlock en tono sarcástico.

-¿Ve? ¡A eso es a lo que me refiero, Holmes! -exclamó Watson señalándolo con el dedo índice. -No parece que a los españoles les preocupen mucho todas esas contrariedades, dadas las circunstancias.

-Permítame, Watson -replicó Sherlock alzando la mano-. Hay un ligero error de precisión semántica en su afirmación que voy a tomarme la libertad de corregir ahora mismo. No es que a los que los españoles no les importen “mucho” todas esas contrariedades; es que no les importan en absoluto. -matizó.

-¿Y a usted le parece normal? -preguntó Watson volteando las palmas de las manos hacia arriba.

-Normal o no, es un hecho constatado, a juzgar por los resultados del 26J. ¿Quiere una taza de té? -Se inclinó ligeramente sobre la mesa, destapó la tetera y agitó con suavidad las dos bolsitas de Earl Grey que la señora Hudson había sumergido previamente en ella.

-¡¿Pero cómo puede usted pensar en tomar té, Holmes?! -voceó Watson. Había comenzado a caminar hacia un lado y otro de la estancia de forma prácticamente mecánica.- ¿Acaso no le perturba esta situación? ¿Acaso no le extraña?

-Lo que me extraña es que le extrañe a usted, Watson -respondió Sherlock impertérrito, mientras vertía el agua burbujeante en el interior de una de las tazas. Después se la tendió a su compañero, haciendo caso omiso de su negativa anterior. -Tome, bébaselo, ¿quiere? Las cosas suelen verse mejor acompañadas de un té. Sobre todo, si es tan delicioso como éste.

Watson puso los ojos en blanco y cogió la taza.

-Lo que usted diga -masculló.

-Deje que le haga una pregunta muy sencilla, Watson. ¿De qué se sorprende?

-¿Que de qué me sorprendo? -repitió Watson con gesto sorprendido. -Tal vez de que la sociedad española sea tan poco patriótica.

-Vaya- Sherlock frunció los labios-. Esa sí es una afirmación contundente.

-Bueno, ¿y qué espera que diga, Holmes? Sólo un pueblo que se desprecia a sí mismo es capaz de otorgar el poder, una y otra vez -remarcó abriendo los ojos con amplitud-, a una banda de delincuentes en potencia cuya máxima preocupación es asegurarse la jubilación en alguna multinacional de turno.

-No piense con el corazón, Watson. Piense con la cabeza. El español es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. ¿Y sabe por qué?

Watson suspiró profundamente y se dejó caer sobre el sofá.

-Adelante, ilumíneme Holmes. Yo ya no sé qué demonios pensar.

-Mi querido Watson -dijo Sherlock con una sonrisa inusualmente cándida. -Reconozco que su ingenuidad me conmueve. No obstante, deje que le diga que es intolerable que alguien tan instruido como usted se sorprenda ante una evidencia de tales magnitudes.

-Haga el favor de hablar claro de una vez, Holmes. Su tendencia a la divagación me resulta importuna. -sentenció Watson con un tono que indicaba una total e inminente pérdida de la paciencia.

-¡Santo Cielo! -exclamó Sherlock incorporándose de un bote. -¿Es que no lo ve? ¿Pero de verdad se creía usted que iba a cambiar algo? ¿De verdad pensaba que unas elecciones, unas simples elecciones, bastarían para corregir a un pueblo que usted mismo califica, y con razón, de poco patriota? ¿Es que todavía no se ha dado cuenta de que ese mismo pueblo carece de la cultura democrática necesaria, porque vive instalado en el sopor al que lo han condenado los poderes fácticos?

-Pero las encuestas decían… -balbuceó Watson.

-¡Paparruchas! No me diga que no ha oído usted hablar de la “cocina”.

Watson tensó su cuerpo y en su rostro se dibujó una repentina mueca de horror.

-¿Está usted insinuando que las encuestas previas a las elecciones fueron manipuladas, Holmes? -preguntó, luego de llevarse la mano a la boca.

Sherlock encadenó unos cuantos chasquidos de lengua.

-Francamente, Watson, me decepciona usted. ¿Debo ser yo quién le recuerde que en España toda, absolutamente toda la información proveniente de cualquier medio de comunicación convencional se encuentra bajo sospecha de secuestro, tergiversación o falseamiento?

-Sí, pero, en cualquier caso, ¿al interés de quién se supone que responden unos sondeos tan alejados del resultado final? A no ser que… ¡Un momento! -El rostro se le iluminó de repente, como si una lámpara se hubiera encendido sobre su cabeza- A no ser que la intención de voto haya sido deliberadamente maquillada por los medios del establishment para movilizar a todos esos indecisos entre los que la campaña del miedo no había cuajado todavía. ¡Claaaaaro!

Sherlock esbozó una sonrisa cínica y comenzó a aplaudir con deliberada lentitud.

-¡Bravo, Watson! ¿Lo ve? No era tan difícil llegar a esa conclusión. Ahora ya lo sabe: Los españoles no tienen remedio, así que no me haga perder más tiempo con asuntos de poca relevancia. ¿Otro té?

04 may

Una conversación en la frutería

-¿A cómo va el tomate, Pepe?

-A 4, 90 el kilo, Don Francisco.

-¡¿A 4,90?! Pero bueno, ¿es que los has lavado con agua bendita o qué? ¡Me cagüen la mar, qué caros!

-Hombre, Don Francisco, que son de proximidad, de un huerto de aquí, al ladito de Mataró…

-Por mí como si son del huerto de la mismísima Moncloa, Pepe.

-¡Ay, qué gracioso es usted, Don Francisco! De ese huerto me da a mí que no salen más que manzanas podridas.

-Hombre, no te pases, Pepe, que en ese huerto, como tú dices, ha crecido el mejor presidente que ha tenido España en toda la historia de su democracia.

-¿Quién? ¿Zapatero?

-¿Zapatero? Mira, porque los tomates esos de Mataró o de dónde cojones sean son muy caros, que si no, te los tiraba ahora mismo a la cara. Anda, echa ahí un kilo, pero no me los pongas muy grandes que luego la mestressa me echa la bronca.

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12 abr

Sherlock Holmes y el enigmático caso de las nuevas elecciones

-¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Válgame el cielo, Holmes! Si sigue aporreando la puerta de esa manera, va a conseguir echarla abajo.

Watson abrió la puerta del 221B de Baker Street y se topó con un Sherlock jadeante y de tez sonrosada.

-¿Ha vuelto a olvidar las llaves Holmes? -inquirió Watson con un dejo de impaciencia en la voz.

-No haga… preguntas…. impertinentes… Watson -contestó Sherlock con la voz entrecortada, mientras se sacaba su invernal abrigo de franela y lo colgaba del perchero que la señora Hudson, la casera, había acomodado convenientemente en el recibidor. -He llamado a la puerta, ergo no llevo las llaves encima. La propia lógica responde a su cuestión -añadió algo más calmado. Subió con presteza las escaleras de dos en dos hacia la sala de estar y se dejó caer exhausto sobre el mullido sillón Chesterfield de piel.

-¡¿Es que no piensa venir?! -chilló exasperado a los pocos segundos.

Escuchó los gruñidos ininteligibles de Watson y sus pasos arrastrándose peldaño a peldaño, y sonrió para sí.

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04 feb

Rajoy va a una entrevista de trabajo para Christian Grey

-El señor Grey lo recibirá ahora.

La imponente rubiaca extendió la mano y abrió la puerta del despacho con un gesto grácil.

-Pues muchas gracias, ¿eh? -dijo Mariano con nerviosismo, sin poder evitar mirarle el escote. Hay que ver como están las niñas de hoy en día, pensó, si es que les crecen antes las tetas que los dientes .¿Pero qué les darán de comer para que se pongan tan lozanas? ¿Chuches? ¡Qué barbaridad, menudos pechotes!

Contuvo las ganas de santiguarse y se prometió a sí mismo que le rezaría tres padresnuestros a Santiago Apóstol en cuanto saliera de allí. Tan ensimismado estaba en sus propios pensamientos, que al cruzar el umbral de la puerta tropezó y se dio de morros contra el suelo.

-Mecagüen… -masculló.

-¡Señor Sánchez! ¿Se encuentra usted bien? -dijo una voz. Cuando alzó la cabeza se topó con la intensa mirada de ojos grises de su joven y guapo entrevistador. Cojones con el Grey, pues tampoco está nada mal el mozo, observó recolocándose las gafas. Pero en su fuero interno, don José María, su Pepito Grillo particular, le advirtió en seguida.

Mariano, Mariano, que así no vamos bien. Anda, súmale a la penitencia un avemaría por moñardón. Leer más

01 feb

Sherlock Holmes y el inquietante caso de los pactos de gobierno

-¿Ha leído la prensa últimamente, Watson? -preguntó Sherlock tras exhalar el humo de su pipa.

-En efecto, Holmes. -respondió Watson dejándose caer sobre el mullido sillón Chesterfield de piel.

-Y dígame, ¿qué opinión le merecen los acontecimientos acaecidos recientemente?

-¿A qué acontecimientos se refiere exactamente, Holmes? ¿A la última gran trama de corrupción pepera destapada, al confinamiento de Podemos al gallinero del Congreso, o a la acertada decisión de mantener a la Infanta en el banquillo de los acusados?

-No sea ridículo, Watson. -contestó Sherlock con un ademán -Ninguna de las cuestiones mencionadas me interesa lo más mínimo. Todas son demasiado obvias para mi acelerado cerebro. ¿Té? -preguntó señalando la tetera con un gesto de la mano.

-Por favor -afirmó Watson. -Pero entonces, ¿cuál es el caso que le inquieta, Holmes?

-¡Oh, querido Watson! -dijo Holmes con el rostro iluminado por una gran sonrisa sarcástica. -Me conmueve lo ingenuo que llega usted a ser a veces. ¿Qué otro caso si no el de los pactos de gobierno podría haber llamado mi atención hasta el punto de no dejarme dormir por las noches?

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