25 nov

Tengo hambre

Anoche soñé con canelones.

Una enorme bandeja de canelones cubiertos de bechamel caliente y queso rallado.

Yo no acostumbro a comer carne. Lo más parecido a la carne que cocina mi madre son las salchichas de Frankfurt cocidas que le echa a los macarrones. A veces, también nos hace un huevo frito. Ella dice que eso depende de si mi hermana pequeña y yo nos portamos bien, pero yo creo que en realidad depende de si en casa hay aceite, que suele ser casi nunca.

Hoy no hemos ido a clase y el director del colegio ha llamado a mi madre al móvil. Ella no lo sabe, pero he pegado la oreja a la pared de mi habitación y he escuchado lo que le decía. Que no podía llevarnos otra vez al colegio sin desayunar, que no podía consentir que mi hermana pequeña se volviera a desmayar. Después se ha puesto a llorar. Ha dicho que tenía dos niños pequeños y que nadie la estaba ayudando. Y también ha dicho “Por el amor de Dios”. Cuando dice eso, es que la cosa es seria.

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03 jun

Cómo hombre blanco mira tierra negra

Hace un tiempo leí en una página cualquiera de un medio cualquiera, que un grupo de autoridades de diferentes nacionalidades había tenido la genial idea de darse un banquete con comida caducada en Kenia, en el marco de alguna cumbre institucional que no viene al caso, como forma de protesta por las toneladas de alimentos que se desperdician a diario en el Primer Mundo, mientras el Tercero, dicho sea de paso, se muere de hambre. La reivindicación me pareció cuanto menos ridícula, por no decir hipócrita y hasta inmoral. Teniendo en cuenta que más del 20% de la población keniata se encuentra en condiciones de malnutrición severa, si alguien quería darle una lección a Occidente, por una vez, los fieles adeptos al protocolo y a la corbata podrían haber dejado la foto para luego, y haberse remangado para que los 3 millones de personas que en ese país no pueden satisfacer ni una cuarta parte de las necesidades nutricionales diarias recomendadas por la FAO, tuvieran algo que llevarse a la boca.

Aunque fuese comida caducada.

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22 feb

Bienvenidos a la era de la mediocridad humana

Bienvenidos a la era de la tecnología ilimitada, del 5G, de los drones que entregan pizza a domicilio, de las tazas de café que levitan, de las apps que predicen cuándo echarás tu próximo polvo. La era de los gurús de vaqueros y camiseta, como Mark Zuckerberg, cuya camiseta, por cierto, está hecha en Bangladesh, donde por cierto, se cobra el salario mínimo más mínimo del mundo (0,25 euros la hora), mientras él, el tal Zuckerberg, se embolsa lo mismo pero multiplicado por infinito al cubo por convencernos en ese escaparte de capitalismo desbocado llamado Mobile World Congress de que el móvil lo es todo.

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