15 ene

De corbatas y rastas

Uno que se dedique a leer sólo los titulares, podría pensar al echar mano de la prensa que algo muy gordo ha tenido que haber pasado en el Congreso para que políticos y tertulianos echen humo a partes iguales. Un golpe de estado, como mínimo. Pero si, movido por la curiosidad, se hubiera acabado metiendo de lleno en la lectura de crónicas y columnas, no me quiero ni imaginar la decepción tan grande que se iba a llevar al enterarse de los motivos de tamaña indignación. Ah, ¿que la cosa iba de rastas?, se podría haber preguntado ojiplático.

Como un tiro le ha sentado al ala dura de la política, y por extensión a sus adláteres de la pluma y el micrófono, que no se respeten las formas. O más bien, lo que ellos, representantes excelsos del maniqueísmo patrio, ese del “vestirse, peinarse, comportarse como Dios manda o ser un subversivo de baja estofa”, entienden por formas. ¿Qué entiende Celia Villalobos por formas cuando insinúa que un diputado tiene piojos por llevar rastas? Quizás a ella, que está tan acostumbrada a otro tipo de parásitos, lo que menos le preocupa en realidad sea la forma y mucho el fondo.

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