17 nov

Yo sí te creo

A ella la violaron dos veces.
La primera, cinco degenerados que se hacen llamar La Manada.
Yo preferiría llamarlos La Piara.
Porque eso es lo que son.
Cerdos.
Así, sin presunción ni paliativos que valgan.
La segunda, la justicia patriarcal esta.
Porque después de violarla a ella, violaron su intimidad.
La siguieron.
Para probar que su vida era normal.
Demasiado normal para haber sido violada.
Porque, imagínate.
Si sales a la calle.
Subes una foto a tu Facebook.
Vuelves a pintarte los labios.
O sonríes.
Seguro que fue consentido.
Que te los follaste a los cinco porque te dio la gana.
Porque eres una guarra.
Tu fama te precede.
Y eso al juez le vale como prueba.
Al juez y a las redes sociales.
Que son la inquisición del siglo XXI.
La familia de La Manada/Piara ha pedido que se preserve la identidad de los degenerados.
Por respeto, dicen.
Sí, has leído bien.
Por respeto.
El mismo respeto que no supieron enseñarles a sus hijos.
Porque para violar.
Violentar.
Agredir.
Grabarlo en vídeo.
Y después dejarte tirada.
Sin móvil para que puedas pedir ayuda.
Para que puedas recomponerte.
Jactarse en un Whatsapp.
Como si en vez de ser los mierdas que sois, fueráis los putos amos.
Para llegar a todo eso y no sentir asco de uno mismo.
Pero asco de verdad.
Tienen que haberlo hecho muy mal con vosotros.

07 nov

#MeToo

Yo también.
Y me cuesta creer que tú no.
O tú.
Alguna vez.
Por improbable que te/me/nos haya parecido.
Porque siempre acabamos siendo cosificadas.
Reducidas a objetos para el disfrute del puto Harvey Weinstein de turno.
Objetos maleables.
Maleables y con tetas, claro.
De usar y tirar.
Y haz el favor de estarte calladita o me vas a buscar un problema.
Cada día, en cada rincón del mundo, hay una de nosotras que también.
Una y otra y otra más.
Que no se atreve.
Que se lo tiene que tragar.
El orgullo y a veces algo más.
Porque total, sólo soy otra.
Una de tantas.
Pero qué asco, joder.
Y algunos mientras tanto, qué.
Que si feminazi.
Exagerada.
Si no te han violado, no te quejes.
Y si te han violado, tú te lo has buscado.
Para qué vas, si sabes a lo que te expones.
Encima, culpabilizando.
Me pregunto cuántas de las que me estáis leyendo ahora estaréis pensando que a vosotras también.
Cuántos sentiréis vergüenza.

#MeToo

11 ago

Juana. Y todas las demás

Que una mujer llegue borracha a su casa de madrugada tras haberse corrido una fiesta de campeonato -o dos, o tres- no legitima el maltrato.

No legitima los golpes ni los insultos.

No la convierte en víctima potencial.

Ni en culpable de nada.

No debería.

Porque una mujer es libre de hacer con su vida lo que le dé la gana.

Debería poder serlo.

Poder ponerse la falda más corta.

O no ponerse nada.

Y que no la señalaran.

Puta. Si es que vas provocando.

Porque una mujer no es de nadie, salvo de sí misma.

No es de su maltratador.

Aunque se aferre a él.

Qué sabe nadie por qué lo hace.

Quién se cree que es nadie para juzgar por qué lo hace.

Que un hombre maltrate a su mujer debería bastarle a esta justicia secuestrada para entender que ese monstruo no puede ser un buen padre.

No. Jamás.

Qué no harías tú para proteger a tus hijos?

Que exista Juana debería darnos miedo.

Juana y todas las demás.

16 feb

A mí también

A mí también me han discriminado por ser mujer.

También me han preguntado si pensaba tener hijos en una entrevista de trabajo.

O me han contratado por un sueldo más bajo que a otro compañero que hiciera lo mismo.

O me han excluido de alguna reunión. ¿Lo entiendes, verdad guapa? Es que ya somos muchos en la sala.

A mí también me han dicho que tengo suerte de que mi marido me ayude en casa. Como si él pasara por allí. Como si mi hogar no fuera su hogar también, con todos los derechos y obligaciones que ello implica.

También me han aconsejado que nunca le diga que no porque si no, rapidito se busca a otra que le caliente la cama. Como si el sexo fuera un deber y no un momento de intimidad suprema entre dos personas que se desean.

A mí también me han venido con eso de que las mujeres somos el sexo débil. La falacia más grande de la historia.

O que el amor duele. Otra mentira tolerada.

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25 ago

‘No’ es ‘no’

Cuando me enteré de que los presuntos -y digo “presuntos” como una cortesía al derecho penal nada más- violadores de San Fermín habían estado alardeando de su hazaña en un grupito de Whatsapp, no pude reprimir el instinto de opinar en público. Ese instinto, que con el único género que tenía algo que ver era con el humano, nació de mis tripas y brotó con fuerza hacia arriba, en dirección a mi garganta, hasta que salió disparado en forma de bilis. Así que me conecté a Facebook y, con los dedos llenos de rabia, escribí: “¿Y qué, machotes, cuando estéis en la cárcel y un puñado de convictos chungos os pongan en fila y os rompan el culo en seco, también se lo vais a contar a vuestros amiguetes de La Manada?”. Un análisis un pelín primario, ya lo sé. Pero, ¿qué otra cosa, sino escupir mi deseo de que les pagaran con la misma moneda a esos despreciables engendros medievales, podía hacer? Al fin y al cabo, es lo normal en situaciones como esta.

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