15 feb

El hombre de ébano

Lo veo todas las mañanas, sentado en la puerta de ese supermercado. Se le distingue desde lejos por el brillo de su piel de ébano y unas piernas largas y finas como las de un antílope; quién sabe si en otra latitud fue un corredor avezado. No obstante, su sello de identidad es la sonrisa asomada a sus labios de forma permanente para acompañar esos buenos días con un ligero acento que no se cansa de repetir. Nosotros, los demás, jamás nos miramos los unos a los otros. Caminamos arrastrando los pies como si la vida nos pesara una tonelada. Siempre desconfiados y circunspectos. El hombre de ébano y sonrisa franca no pide nada. Se limita a sentarse allí, en la puerta de ese supermercado, libre de la esclavitud occidental del tiempo y el espacio, permitiendo que el sol le dé en la cara y se vean sus cicatrices. Algunos dicen que es un caradura. Otros, un chiflado. Pero para mí, es un superviviente. La viva imagen de un hombre agradecido.

17 ago

Noruego para principantes

Según he leído, el número de españoles que emigran se ha incrementado en un 56% desde 2008. En números absolutos, ya son más de dos millones los que han abandonado la madre patria en busca de suerte. Así­ lo indica el Censo de Españoles Residentes Ausentes (CERA), al que por cierto, muchos de los expatriados ni siquiera llegan a apuntarse.

Me voy a tirar a la piscina: Voy a dar por hecho que, en su mayoría, se trata de jóvenes. Así­, a lo loco, sin consultar las estadísticas. Pero es que tampoco hace falta. Lo cierto es que este éxodo masivo que venimos sufriendo desde hace unos años radica en una única causa: la puta crisis y su consecuente falta de oportunidades. ¿Y quiénes han resultado ser las principales víctimas de este período prolongado de vicisitudes económicas? En efecto; los jóvenes. Y eso que el Gobierno -sí, el mismo que ahora está en funciones- se empeñó con gran atino en asociar el espíritu aventurero al perfil del joven emigrante y determinó como razón última del abandono de la patria nada más “inocente y comprensible” que las ganas de conocer mundo propias de la edad. Claro. Emular a Indiana Jones tenía más lógica que buscar un trabajo para poder sobrevivir.

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