12 Mar

Infancia perdida, infancia recuperada

Hoy me he reencontrado con una persona que fue muy importante en mi infancia.
Mejor dicho.
La vida nos ha reencontrado a nosotras.
Cómo no iba a acordarme de ti, si fuiste mi primera amiga, me ha dicho al abordarla.
Y a mí se me ha llenado el corazón de plastilina.
La misma con la que nos ensuciábamos las manos a los tres años.
Cuando ni siquiera sospechábamos lo que había más allá de la cancela del patio del parvulario.
Porque nuestro mundo se sustentaba sobre la base de un cuento con final feliz.
Éramos unas niñas.
Yo, tu primera amiga.
Tú, la mía también.
Luego la vida nos marcó caminos separados.
Nos convertimos en adultas.
Se rompió la plastilina.
Ah, el paso del tiempo.
El jodido e ineluctable paso del tiempo.
Pero el destino.
O yo qué sé.
Ha querido obsequiarnos con una intersección.
Para que dos primeras amigas.
Tú y yo.
Podamos reconectar nuestros mundos un momento.
Y así ha sido.
Nos separa un océano.
Uno o dos o tres husos horarios.
Una vida de ausencias.
De no haber sido testigo de tu primer beso.
De cuando me licencié en la universidad.
De las frustraciones y los quebraderos de cabeza de la vida adulta.
De tu maternidad.
De mi maternidad.
Pero, sabes qué?
Nada de eso cuenta.
Porque hoy.
Sí, hoy.
A mis ojos.
Seguíamos siendo esas niñas que jugaban con plastilina.
Estábamos allí.
En el parvulario.
Tan pequeñas y risueñas que no parecíamos nosotras.
Pero lo éramos.
Y por un instante.
Todo ha sido como fue alguna vez llamada infancia.
Simplemente perfecto.

22 Ene

Bullying: la semilla del diablo

El otro día, un amigo mío comentó que hoy los niños están sobreprotegidos. Que los padres tienen demasiado miedo a fallarles y que por ese motivo, se obsesionan con estar presentes en cada momento de sus vidas. Se nota que mi amigo no es padre, y aunque su argumento no es del todo insensato, yo no puedo estar de acuerdo. Ser padre no es un trabajo por turnos. En el oficio de la paternidad no hay vacaciones, excedencias ni despidos, y el que se embarque en esta complicada tarea tiene la obligación de ser y estar los 365 días del año, a todas horas, en todo momento.

Ser padre significa muchas cosas, pero sobre todo una: Educar.

Siempre.

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25 Nov

Tengo hambre

Anoche soñé con canelones.

Una enorme bandeja de canelones cubiertos de bechamel caliente y queso rallado.

Yo no acostumbro a comer carne. Lo más parecido a la carne que cocina mi madre son las salchichas de Frankfurt cocidas que le echa a los macarrones. A veces, también nos hace un huevo frito. Ella dice que eso depende de si mi hermana pequeña y yo nos portamos bien, pero yo creo que en realidad depende de si en casa hay aceite, que suele ser casi nunca.

Hoy no hemos ido a clase y el director del colegio ha llamado a mi madre al móvil. Ella no lo sabe, pero he pegado la oreja a la pared de mi habitación y he escuchado lo que le decía. Que no podía llevarnos otra vez al colegio sin desayunar, que no podía consentir que mi hermana pequeña se volviera a desmayar. Después se ha puesto a llorar. Ha dicho que tenía dos niños pequeños y que nadie la estaba ayudando. Y también ha dicho “Por el amor de Dios”. Cuando dice eso, es que la cosa es seria.

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