27 oct

No más odio, señores

Nunca había percibido tanto odio como el que destilan las redes estos días.
Hay demasiado ruido.
Demasiada burundanga mediática.
Demasiado furor nacional de un color y del otro.
Demasiado maniqueísmo.
Es como si en un matrimonio donde toda la vida ha imperado el aguante comenzaran a aflorar los reproches.
Ahora, al cabo de.
Es que tú.
Y tú qué?
Así no se puede, hombre.
Discutir por conceptos tan abstractos como los terroritorios, qué cosa más absurda.
Por un trozo de tela.
Por un acento.
Por la unidad o reivindicación de algo que no es tuyo, ni mío, ni de nadie.
Que simplemente es.
Está.
Y nada más.
Como para ponerse ahora a defenderlo a sangre y fuego.
Con la historia que llevamos cosida a las espaldas.
Venga ya.
Conmigo que no cuenten para que me enfrente a quien vea la realidad de forma distinta.
No es mi labor la de hacer proselitismo.
Ni tengo ganas de batallar por territorios o banderas.
Esa es la guerra de otros, en todo caso.
De los que mueven los hilos, para ser exactos.
Prefiero hablar de libros.
De sexo.
De vino.
Del tiempo.
Se acabó.
Ni una discusión más.

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