04 may

Una conversación en la frutería

-¿A cómo va el tomate, Pepe?

-A 4, 90 el kilo, Don Francisco.

-¡¿A 4,90?! Pero bueno, ¿es que los has lavado con agua bendita o qué? ¡Me cagüen la mar, qué caros!

-Hombre, Don Francisco, que son de proximidad, de un huerto de aquí, al ladito de Mataró…

-Por mí como si son del huerto de la mismísima Moncloa, Pepe.

-¡Ay, qué gracioso es usted, Don Francisco! De ese huerto me da a mí que no salen más que manzanas podridas.

-Hombre, no te pases, Pepe, que en ese huerto, como tú dices, ha crecido el mejor presidente que ha tenido España en toda la historia de su democracia.

-¿Quién? ¿Zapatero?

-¿Zapatero? Mira, porque los tomates esos de Mataró o de dónde cojones sean son muy caros, que si no, te los tiraba ahora mismo a la cara. Anda, echa ahí un kilo, pero no me los pongas muy grandes que luego la mestressa me echa la bronca.

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12 abr

Sherlock Holmes y el enigmático caso de las nuevas elecciones

-¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Válgame el cielo, Holmes! Si sigue aporreando la puerta de esa manera, va a conseguir echarla abajo.

Watson abrió la puerta del 221B de Baker Street y se topó con un Sherlock jadeante y de tez sonrosada.

-¿Ha vuelto a olvidar las llaves Holmes? -inquirió Watson con un dejo de impaciencia en la voz.

-No haga… preguntas…. impertinentes… Watson -contestó Sherlock con la voz entrecortada, mientras se sacaba su invernal abrigo de franela y lo colgaba del perchero que la señora Hudson, la casera, había acomodado convenientemente en el recibidor. -He llamado a la puerta, ergo no llevo las llaves encima. La propia lógica responde a su cuestión -añadió algo más calmado. Subió con presteza las escaleras de dos en dos hacia la sala de estar y se dejó caer exhausto sobre el mullido sillón Chesterfield de piel.

-¡¿Es que no piensa venir?! -chilló exasperado a los pocos segundos.

Escuchó los gruñidos ininteligibles de Watson y sus pasos arrastrándose peldaño a peldaño, y sonrió para sí.

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03 mar

Operación Borgen

Esta conversación entre Pedro Sánchez y Albert Rivera podría haber sido extraída de forma ilegítima de los pasillos del Congreso. Aunque también podría habérmela inventado… 

-Tenemos que hablar.

-¿Ahora? Pero si está a punto de empezar la segunda ronda de votaciones, Pedro…

-Ahora Albert. Es importante.

-Vale, pues tú dirás.

-¿A qué mierda estás jugando, Albert?

-No sé de qué me hablas.

-Se suponía que me ibas a apoyar.

-Joder, ¿y qué es lo que he estado haciendo hasta ahora, Pedro?

-Jugar tus cartas, Albert. Eso es lo que has estado haciendo.

-¡Oh, por el amor de Dios, Pedro! Me he bajado los pantalones para firmar un pacto que recoge el 80% de tu programa. Si eso es “jugar mis cartas”, que venga el ángel Marcelo y lo vea.

-Querrás decir el 80% de “tu” programa. Que aquí si a alguien le han salido almorranas, es a mí.

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25 feb

El día que el PSOE colgó la chaqueta de pana

Por si a alguien le quedaba alguna duda de que la política en nuestro país no es más que un gran cambalache, he aquí la prueba irrefutable que lo confirma: El PSOE, un partido que en su acrónimo lleva las palabras Socialista y Obrero, se sienta a pactar con Ciudadanos, un partido fundamentalmente de derechas. A partir de aquí, se le pueden añadir más adjetivos a gusto del consumidor: neoliberal, neoconservador, o el Podemos que tanto agrada a los señores del IBEX 35. Ahí lo dejo.

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01 feb

Sherlock Holmes y el inquietante caso de los pactos de gobierno

-¿Ha leído la prensa últimamente, Watson? -preguntó Sherlock tras exhalar el humo de su pipa.

-En efecto, Holmes. -respondió Watson dejándose caer sobre el mullido sillón Chesterfield de piel.

-Y dígame, ¿qué opinión le merecen los acontecimientos acaecidos recientemente?

-¿A qué acontecimientos se refiere exactamente, Holmes? ¿A la última gran trama de corrupción pepera destapada, al confinamiento de Podemos al gallinero del Congreso, o a la acertada decisión de mantener a la Infanta en el banquillo de los acusados?

-No sea ridículo, Watson. -contestó Sherlock con un ademán -Ninguna de las cuestiones mencionadas me interesa lo más mínimo. Todas son demasiado obvias para mi acelerado cerebro. ¿Té? -preguntó señalando la tetera con un gesto de la mano.

-Por favor -afirmó Watson. -Pero entonces, ¿cuál es el caso que le inquieta, Holmes?

-¡Oh, querido Watson! -dijo Holmes con el rostro iluminado por una gran sonrisa sarcástica. -Me conmueve lo ingenuo que llega usted a ser a veces. ¿Qué otro caso si no el de los pactos de gobierno podría haber llamado mi atención hasta el punto de no dejarme dormir por las noches?

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