27 Abr

Educación anti manadas

Tengo un hijo pequeño.
Cuando sea un adolescente, probablemente beberá alcohol los fines de semana.
Quizá hasta se fume un porro o dos.
Querrá tatuarse.
Teñirse el pelo de azul.
Agujerearse las cejas.
Llevar la ropa raída porque eso es lo cool.
Tal vez escuche esa bazofia llamada trap que algunos se empeñan en catalogar como música.
No lo sé.
Pero la verdad es que nada de todo esto me importa.
Porque en la adolescencia, lo natural, es buscarse a uno mismo sin encontrarse.
Yo no voy a decirle a mi hijo quién tiene que ser.
Yo lo que voy a hacer es educarlo.
Educarlo para que, fundamentalmente, sea una buena persona.
No un abusón.
Ni un matón.
O un maltratador.
Para que no utilice nunca el poder de su condición masculina para atemorizar ni hacer daño a una mujer.
Ni vejarla.
Ningunearla.
O despreciarla.
No quiero que mi hijo forme parte nunca de ninguna manada.
Ni quiero que ninguna mujer tenga que correr si se encuentra a mi hijo sola por la calle de noche.
Y quiero que entienda que, el día de mañana, cuando esté con una mujer, o un hombre, me da igual, todo vale mientras haya respeto mutuo.
Consentimiento.
Lo que no vale es dar por hecho que.
Si me ha dejado que la bese, entonces querrá que le meta la mano dentro de las bragas.
Si me ha dejado que le meta la mano, ya no hay marcha atrás.
Pero siempre la hay.
Siempre hay marcha atrás.
Se llama educación.
Se llama respeto.
Y se llama igualdad.
Madres y padres del mundo.
Dejemos de educar a nuestras hijas para que se protejan.
Empecemos a educar a nuestros hijos para que no las agredan.
Enseñémosles que la piel no es un pasaporte hacia ninguna parte.
Eduquemos a personas.
No a monstruos.

22 Ene

Bullying: la semilla del diablo

El otro día, un amigo mío comentó que hoy los niños están sobreprotegidos. Que los padres tienen demasiado miedo a fallarles y que por ese motivo, se obsesionan con estar presentes en cada momento de sus vidas. Se nota que mi amigo no es padre, y aunque su argumento no es del todo insensato, yo no puedo estar de acuerdo. Ser padre no es un trabajo por turnos. En el oficio de la paternidad no hay vacaciones, excedencias ni despidos, y el que se embarque en esta complicada tarea tiene la obligación de ser y estar los 365 días del año, a todas horas, en todo momento.

Ser padre significa muchas cosas, pero sobre todo una: Educar.

Siempre.

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18 Mar

Con dos cojones

N punto E punto es una alumna de la academia privada CTO Medicina de Barcelona. Como cada jueves, N punto E punto ha asistido a su clase de Dermatología con el profesor A punto B punto D punto, residente de dicha especialidad en el Hospital Clínico, se ha sentado en un pupitre en segunda fila y ha abierto su libreta de apuntes.

-Hoy vamos a comparar dos tipos de glándulas, y para ello, os he preparado un interesantísimo ejercicio mnemotécnico -ha dicho el profesor. Qué bien, esto promete, ha pensado N punto E punto, acusando el hartazgo de los interminables e insípidos Power Points tan habituales en su carrera. Sin embargo, algo en la presentación la ha molestado profundamente, y se ha visto en la obligación ciudadana de compartirlo a tiempo real en todas sus redes sociales.

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