10 ene

No habrá paz para los catalanes

Confieso que ir a votar otra vez me daba bastante palo. Dime ciudadana de segunda, antipatriota o botiflera, pero es que joder, a este paso el clásico iba camino de dejar de ser el Barça-Madrid para convertirse en las elecciones catalanas.

Lo que ocurre es que la última intentona para desatascar el procés me convence menos que un teleoperador de Jazztel, básicamente porque todo lo que hace el señor Mas, conocido como Ártur allende la meseta, me huele a estratagema, a conspiración judeo-masónica, a trampas al solitario, a podrido. Como si cada puntada que diera el president –no sé si tan honorable como su mentor, habría que preguntar en Andorra- hubiera sido previamente hilvanada con un hilo cuatribarrado, para que, en caso de no acierto,  esa catalanidad irredenta que le ha obsequiado amores y odios a partes iguales lo mantenga indemne. Y así, haga lo que haga el enfant terrible de las Convergencias, parece que siempre sale airoso.

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