11 Ene

Lo de Catherine Deneuve

De un tiempo a esta parte, no hago más que escuchar estupideces de la boca de mujeres que no saben lo que significa la palabra sororidad. La última, la de esas francesas -y me voy a arriesgar a acuñar un nuevo concepto- con chovinismo de género.
Pues bien.
Esto no va de bandos.
No es Oprah contra Deneuve.
Ni a ver quién la tiene -la feminidad- más grande.
Esto va de todas nosotras.
De las mujeres.
A algunas les chirrían los oídos cuando oyen la palabra feminismo.
Siguen instaladas en la estúpida creencia de que ser feminista significa estar permanentemente cabreada con el género masculino.
Qué cándidas.
A mí, sin ir más lejos.
No me hace falta que los semáforos tengan formas de mujer.
Ni incluir la palabra miembra en el diccionario de la RAE.
No me disgusta que un hombre me desee.
No me indigna.
No me ofende.
Y por supuesto, no me parece ningún acto aberrante.
Desear deseamos todos.
A todas horas.
Se llama instinto.
No tiene nada que ver con el patriarcado.
Créanme, se lo está diciendo una feminista que no entiende de corrientes radicales de feminismo.
Eso son etiquetas de las redes sociales, nada más.
Además, a estas alturas de la película, estoy lo suficiente empoderada para saber que la parte más altamente follable de mi cuerpo es mi cerebro.
Así, sin paños calientes.
Y ustedes también deberían estarlo.
Pero, saben qué?
Hay una realidad ahí fuera que no se puede/no se debe ignorar.
Porque hay cosas sobre las que no se puede/no se debe frivolizar.
A Catherine Deneuve alguien debería decirle que las feministas del mundo sabemos distinguir entre un flirteo torpe y una violación.
(Tal vez la que no lo distingue es ella y por eso, en su día apoyó a Roman Polanski).
Creerse por encima de todas esas mujeres que han decidido unir sus voces contra el machismo.
Contra la violencia histórica hacia nuestro género.
Sí, histórica, han leído bien. Nada de un puñado de locos.
Qué desfachatez.
Qué desprecio.
Pero es que no les da vergüenza?
Dónde está su sororidad?
Todavía no se han dado cuenta de que la lucha no es entre nosotras.
Femeninas de tocador contra feministas sin sujetador.
Qué cosa tan absurda.
En esta lucha cabemos todas.
Caben todos ustedes, los hombres deseados y los que desean también.
Lo que no cabe es el machismo.
Ni, por supuesto, la ignorancia.

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