26 Sep

Del fundamental respeto por las lenguas

Muchos sabéis que durante una época de mi vida, viví en Euskadi, para mí uno de los lugares más hermosos y acogedores del mundo. Y eso que conozco unos cuantos. Lo que supongo que no todos sabréis es que durante ese período intenté aprender euskera. Lo básico para poder comunicarme aquí y allí; lo suficiente para mostrar mi respeto hacia la tierra que me estaba cobijando por aquel entonces. Algún que otro obtuso de miras me acusó de estar perdiendo el tiempo. Pero cómo se te ocurre molestarte en aprender la lengua esa de caseríos y tabernas pudiendo hablar el castellano?, clamaba con indignación el cerrado en cuestión. Por la misma razón por la que nunca se me ocurriría irme a vivir a Suecia y no aprender el sueco, oiga. Ojalá hubiera aprendido mucho más euskera y hoy pudiese hablarlo de forma fluida. Igual que esos amigos de Marruecos, Brasil, Italia, Inglaterra o Rusia que viven en Barcelona y hablan catalán a la perfección. Porque una lengua siempre suma.
Nunca jamás resta.

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