18 ago

Barcelona bonita y poderosa

Anoche no pude dormir.
Tenía mucho frío.
Frío del que te cala los huesos y no se puede aplacar con calor.
Porque es frío de agosto.
Del 17 de agosto.
Y es frío de tristeza.
Porque nos han hecho daño.
Nos han golpeado en el corazón.
En donde más nos duele.
En nuestra casa.
En nuestra Barcelona bonita y poderosa.
Maldita sea, podría haber sido yo.
Yo podría haber decidido salir a pasear por Las Ramblas ayer.
O tú.
O él.
Y quizás habría sido el último día de nuestra vida.
Porque frente al horror todos somos igual de vulnerables.
La seguridad total no existe.
Cualquiera es el blanco perfecto del fanatismo.
Y contra eso, no hay banderas ni idiomas que valgan.
Y el horror se llora lo mismo en todas partes.
No se discute.
Porque no es más ni es menos que.
Pero hoy.
Hoy.
Hoy hay que levantarse.
Recomponer los trocitos de la ciudad bonita y poderosa.
Por los que fueron.
Por los que podríamos/podrían haber sido.
Y seguir adelante.
Con el corazón roto, sí.
Pero sin miedo.
Sin miedo.

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