29 mar

De mantillas y servicios públicos

El otro día, y al hilo de la pregunta que flotaba en todas las tertulias televisivas de si la misa es o no es un servicio público, se me ocurrió escribir esto en Twitter:

“Si en este país habláramos más de ciencia y menos de fe, tal vez las cosas nos irían mejor”.

Los trolls del puro y la mantilla no tardaron en hacerse oír. Que a la fe se la respeta, repetían como una letanía los más educados. Los menos, de roja de mierda para arriba me pusieron, aunque a una, que ya tiene carrerilla en esto de las redes sociales, se la refanflinfa igual que ciertas cuestiones de estado a algún político de por ahí.

El caso es que yo a la fe sí la respeto. Y mucho. Porque en todo, absolutamente en todo lo que nos ocurre en la vida subyace una cuestión de fe. En el amor, en el trabajo, en la salud, en el bienestar económico, en la educación de nuestros hijos. ¿Qué garantías tenemos de que las cosas nos van a salir como esperamos? Ninguna. Y para eso está la fe.

Pero al tema, que me desvío. Lo que verdaderamente me cabreó de algunas de las respuestas que recibí fue la constatación de algo que yo ya sospechaba: Que la religión sigue estando demasiado presente en la mentalidad española. En este país, muchos de los que se ofenden cuando les tocas la fe, “su” fe, y te tachan de intolerante, son los mismos que luego no toleran que una persona -sí, eso he dicho, una persona-, descubra que vive dentro de un cuerpo equivocado, con un sexo equivocado, con una identidad equivocada y en una puta sociedad equivocada que no quiere, no sabe o no puede entender. O que dos personas de un mismo sexo se amen. O no, pero que les apetezca echar un polvo. O que una mujer decida en libertad si desea o no interrumpir un embarazo. Y cuando se encuentran frente a alguna de estas situaciones según ellos contra natura, los tolerantes del puro y la mantilla (nótese la ironía) claman al cielo evocando a la fe, como si ésta fuera patrimonio exclusivo de la religión. De la católica, en concreto, que hasta para eso hay clases, por lo visto. Algunos hasta se atreven a pasearse por media España (y ahora también por EEUU) en un autobús de color naranja haciendo proselitismo bajo el inmoral lema de Hazte oír. Me dan ganas de decirles que lo que tendrían que hacer es callarse ya, que llevamos siglos de historia teniéndolos que soportar.

Lo de la religión en este país ya roza lo esperpéntico. No basta la obsesión de algunos legisladores próximos al Opus Dei por reincorporarla a la enseñanza pública como si estuviéramos en tiempos de Franco, no. Ahora resulta que por cojones la misa tiene que ser considerada un servicio público, ergo la tenemos que pagar entre todos, seamos practicantes o no. Y como a algún partido político de los progres se le ocurra ir en contra de la tradición católica, el ala dura del club de la mantilla (periodistas del régimen en su mayoría) se enfurece y saca la artillería pesada. Carlos Herrera, sin ir más lejos. Qué tipo tan cansino. Pues no, oigan, no. Los tiempos han cambiado. Olvídense ya del catón y de la formación del espíritu nacional. La sanidad y la educación sí son servicios públicos, pero ¿la misa? ¿En un estado abiertamente aconfesional? ¿En un estado en el que, para más inri, la Iglesia no paga los mismos impuestos que el resto de ciudadanos y en el que ni se excomulga ni se juzga a los curas pederastas, o se exoneran y se ocultan los casos sin que ni siquiera se pida perdón por ello? ¡Acabáramos!

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8 comentarios de “De mantillas y servicios públicos

  1. Amiga Carmen
    Primero, y como siempre, excelente articulo. Es imposible empezar a leer algo tuyo y no terminarlo.
    Estoy completamente de acuerdo contigo en el fondo del asunto y desde luego condeno todo insulto por expresar libremente tu opinión. Yo soy de los que piensa que es digno morir por la libertad, la de todos, siempre que no limite la de los demás.
    A mi lo que me remueve las tripas es que todavía se fomente la discusión religiosa como baza política, sabiendo que se recurre a los más sensibles pensamientos de unos para ganarse a los otros, como en el siglo XIX y primeros del XX. Y me preocupa, porque quien lo ha fomentado es una persona formada e inteligente. Eso es muy peligroso, cuando lo dice medico-cura-maestro en el bar, ni me inmuto.
    Estoy en contra de todo adoctrinamiento, digamos público, y el uso de dinero público, o sea los impuestos que pagamos todos, para ello. Pero no solo la religión, sea cual sea, ¿ o acaso el retransmitir actos de partidos políticos o invitar a políticos a espacios públicos a que nos vendan las maravillas de su cielo no es adoctrinamiento?. ¿Sí subvencionamos la construcción de templos de otras religiones, somos los más progres del universo y si por el contrario esas subvenciones van a la iglesia católica no lo son?. Retransmitir las corridas de toros ¿es progre?, ¿y que me dicen de la droga nacional: el futbol?
    Si hay que abrir un debate que se abra, pero de forma seria, sin falsas hipocresías, sin demagógia y, por supuesto, con educación, respeto y libertad; sin rasgarse nadie las vestidura. En última instancia que se pregunte a los que pueden opinar: los que pagan los impuestos. En democracia la mayoría decide.
    Sinceramente, es un tema que me subleva porque yo creía, los que conocimos los años oscuros creíamos, que esa dialéctica era ya historia, pero me doy cuenta que los seré humanos tropezamos una y otra vez en la misma piedra. No aprendemos nada de la historia ¿Estaremos condenados a sufrir una dictadura ciclicamente para apreciar la libertad?. En cualquier caso si tengo que posicionarme lo haré siempre en defender los valores de la cultura occidental, con todos sus defectos, que es la que mejor representa, a mi entender, la Declaración de derechos humanos.

    Mis afectuosos saludos y mis mejores deseos para el momento de felicidad que sé está a punto de llegar a tu vida y, por supuesto, siempre una sonrisa.

  2. Afortunadamente, ese perfil de gente que describes, reside, principalmente, a unos 600 km de aquí, o sea, en Madrid, o sea, bien lejos de Catalunya, en donde somos bastante más civilizados, avanzados y desprovistos de “fe” religiosa. En Catalunya tenemos fe en conseguir la independencia del Reino (dirigido por Madrid) tenemos fe en mantener la llama de la diversidad cultural, tenemos fe en que los extranjeros prefieran dejarse los cuartos aquí para vacaciones antes que en Madrid. La fe es una cuestión de voluntad y esfuerzo, no es algo dogmático, ni tiene que ver con la creencia en un ser superior llamado Dios, Alá, Buda o su puta madre… La fe nos mantiene vivos, nos da fuerzas para evolucionar, nos hace amar la vida. Ahora que llega la Semana Santa, no perdamos la fe, pero no la “fe” religiosa… Amén…

  3. Hola!
    La “fe” a veces es el motor que impulsa a alguien o algunas familias a seguir adelante. A veces , con esta crisis, a algo hay que agarrarse cuando todo te da la espalda y te ayuda a sobrellevar lo duro de la precariedad. No, no soy creyente, de hecho me molesta que cuando llega semana santa te echen un porron de peliculas “del momento”, pero lo claro también es que cada uno elige lo que quiere ver y a qué religión sumarse. O no elegir ninguna. No lo justifico pero creo que hay que respetar las creencias si hablamos de fe, ahora bien , no me parece bien lo que la iglesia hace y ha hecho. Sea matanza, violación etc deberían de hacer pagar a esos que tanto daño han hecho, porque por unos tantos esos pocos que hacen el bien quedan mal. Un saludo!



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