17 ago

Noruego para principantes

Según he leído, el número de españoles que emigran se ha incrementado en un 56% desde 2008. En números absolutos, ya son más de dos millones los que han abandonado la madre patria en busca de suerte. Así­ lo indica el Censo de Españoles Residentes Ausentes (CERA), al que por cierto, muchos de los expatriados ni siquiera llegan a apuntarse.

Me voy a tirar a la piscina: Voy a dar por hecho que, en su mayoría, se trata de jóvenes. Así­, a lo loco, sin consultar las estadísticas. Pero es que tampoco hace falta. Lo cierto es que este éxodo masivo que venimos sufriendo desde hace unos años radica en una única causa: la puta crisis y su consecuente falta de oportunidades. ¿Y quiénes han resultado ser las principales víctimas de este período prolongado de vicisitudes económicas? En efecto; los jóvenes. Y eso que el Gobierno -sí, el mismo que ahora está en funciones- se empeñó con gran atino en asociar el espíritu aventurero al perfil del joven emigrante y determinó como razón última del abandono de la patria nada más “inocente y comprensible” que las ganas de conocer mundo propias de la edad. Claro. Emular a Indiana Jones tenía más lógica que buscar un trabajo para poder sobrevivir.

Dejemos las ñoñerías, por favor. Por más que TVE, la tele de todos (todos los que votaron al PP, se sobreentiende) lleve años haciendo de vocero de los argumentos rimbombantes de sus amiguitos en el poder para justificar el aumento de la emigración, lo cierto es que éstos lo han hecho tan rematadamente mal que la fuga de jóvenes no es más que la punta del iceberg. Un iceberg al que no le queda demasiado tiempo antes de derretirse del todo. Porque aunque el verano traiga consigo cifras optimistas de incremento en la creación de empleo, la cruda realidad es que las políticas de ajuste y desincentivación que hemos sufrido en los últimos tiempos nos han convertido ya en un país envejecido, estancado y con muy poca esperanza para las generaciones venideras.

Un momento. Me vais a permitir que rebobine y vuelva a lo de TVE y su propaganda. ¿Os acordáis de ‘Españoles por el mundo’? Era un estúpido programa diseñado a todas luces para que interiorizáramos la imagen de un arquetípico español aventurero que, aunque lo tiene todo, un buen día decide tomar la decisión de probar suerte en otro país. Y claro, las cosas le van muy bien y nuestro protagonista se convierte en un conciudadano feliz, con una adorable pareja oriunda del país de acogida, un trabajo idílico con sueldo y horarios idílicos, y la protección social de un gobierno del que difícilmente uno podría sentirse avergonzado. Tan feliz, pero tan feliz, que cuando se le pregunta qué es lo que echa de menos de España, el sol y las tapas son los únicos argumentos de peso que se le ocurren al aventurero.

Si hubo un programa que llamó poderosamente mi atención fue el de Noruega. Lo único que sabíamos de Noruega hasta la fecha era que se comía salmón a todas horas y que hacía un frío del carajo. Pero entonces, ‘Españoles por el mundo’ le dedicó un programa al país escandinavo y nos mostró una imagen del lugar tan paradisíaca que el tsunami de españoles desencantados no tardaría en poner rumbo a la tierra de los fiordos. En Noruega se vive increíblemente bien, nos decían. Aquí el Estado te paga por todo. Por trabajar, por estudiar, por tener hijos. Hay empleo para todo el mundo y oportunidades. No os preocupéis si no sabéis la lengua. También os pagarán para que la aprendáis. Y los noruegos son tan hospitalarios que os sentiréis como en casa. Reconozco que yo misma me quedé tan sorprendida que no pude evitar sopesar la posibilidad de mudarme al norte también. Así que hice una primera visita de reconocimiento. Fue en el tórrido verano de 2012. Alquilé un coche y recorrí el país de una punta a otra. Y lo que me encontré fue un lugar de una belleza majestuosa, sí, aunque en su mayoría inhóspita, de un clima extremo incluso en agosto, muy despoblado, y con una red de carreteras bastante tercermundista, dada la naturaleza agreste de su orografía. Por no hablar de sus precios demasiado inasequibles para un bolsillo español -un café costaba 6 euros, por poner un ejemplo-, de las dificultades idiomáticas -no todo el mundo habla inglés en Noruega, aunque ciertamente lo hablan mejor que nosotros-, y de algunas reminiscencias vikingas que me pareció atisbar en el carácter de sus gentes (que cada uno las interprete como le venga en gana.) Eso sí, de aquellos españoles por el mundo tan estupendamente bien acomodados que mostraba el programa, ni rastro. Muchos de los compatriotas con los que me topé durante mi aventura nórdica eran estudiantes que malvivían en guetos para extranjeros compuestos por apartamentos minúsculos y prefabricados. Y en el peor de los casos, jóvenes, muchos jóvenes -algunos con sus ingenierías terminadas, otros con escasa preparación académica, pero la mayoría más bien cortos de ahorros-, que trabajaban en los mercados de pescado que abundan por todo el país sin ni siquiera tener nociones de noruego. “Aquí, por cortar salmón para los turistas siete horas al día, me saco mil euros al mes. En España, ni quinientos”, me contó uno de ellos. Sí, ya. Pero en Noruega, con mil euros al mes no te da ni para alquilar una habitación. Y desde luego, sin hablar el idioma, cortar salmón es, con suerte, a lo único a lo que se puede aspirar, por mucho que el postureo de unos señores que salieron por la tele poniéndonos los dientes largos nos hiciera pensar lo contrario. En cualquier caso, para entonces el daño ya estaba hecho. Tal fue el impacto de aquella transmisión, que incluso la mismísima Ministra de Trabajo noruega se vio en la penosa obligación de pedir a los inmigrantes -especialmente, los venidos del sur- que no tuvieran trabajo o que desconocieran la lengua que se marcharan inmediatamente. Que allí no había lugar para ellos. Y que para acabar rebuscando comida en las basuras, mejor lo hicieran en su país, donde al menos el frío les concedería una tregua.

Tal vez, nada de esto habría pasado si cierto medio no hubiera tergiversado la realidad de los expatriados con mensajes de color rosa pastel que daban a entender que empezar de cero en lugares como Noruega era pan comido. Que como el Estado protege a los noruegos, haría lo mismo con aquellos que se atrevieran, porque sí, porque lo habían dicho en la tele, a emigrar allí. No digo que las cosas tengan que venir mal dadas a la fuerza, pero francamente, dudo mucho que empezar de cero en cualquier parte sea fácil, máxime cuando se desconoce el idioma, se tiene poca preparación, o no se cuenta con suficiente dinero para sobrevivir mientras tanto. Por eso me habría gustado que alguno de los que se marchó hubiese contado sus dificultades iniciales y las veces que sintió esa pulsión interna del tipo Me vuelvo por donde he venido. Seguramente, una bofetada de realidad a tiempo les habría ahorrado a muchos tener que lidiar con unas decepcionantes “lecciones” de noruego para principiantes.

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21 comentarios de “Noruego para principantes

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  2. Excelente como siempre. Además creo recordar que el “Españoles por el mundo, Noruega” lo rodaron en verano. No me imagino vivir allí en pleno invierno con 3-4h de luz al dia :S

  3. Es un placer leer artículos tan bien escritos y que van al meollo de las cosas. efectivamente TVE es el órgano de propaganda del “régimen” pepero. Nos toman por estupidos ¿o quizás están convencidos de que lo somos?

  4. No imaginas lo que echaba de menos tus artículos. Recuerdo que hubo un tiempo que miraba el susodicho programa, y envidiaba, de forma sana se entiende, esas vidas fantásticas de compatriotas. Pero cuando tienes cercas amigos, familiares o simples conocidos que han pasado por la necesidad de emigrar, y la realidad es muy diferente.
    Grande Carmen y bienvenida

    • ¡Gracias, amiga! Estaba de vacaciones, pero ya he vuelto a la carga 😉 Yo también opinaba como tú, pero luego he tenido la oportunidad de escuchar testimonios de primera mano y las cosas no son tan maravillosas como nos las quieren hacer ver.

  5. Genial Carmen como siempre. Se te echaba de menos!
    A ver cuando nos hacen un programa de “Españoles retornados muriéndose del asco en casa de sus padres”… uyy, ese no lo van a hacer, no vende Marca España!

    Besos!!!!

    • ¡¡¡Hombreeeeeee, usted por aquí, qué alegría!!! No, me temo que de ese contenido no habrá programa, y mira que chicha tendrían para rato. Conozco yo el caso de un amigo mío que se fue a Inglaterra a buscarse las habichuelas y se tuvo que volver a los pocos meses. A mí llegó a decirme que para pasar hambre, prefería pasarlo viendo el Teide desde su ventana. La realidad de los expatriados, my friend.

  6. Se te echaba de menos Pequeña 😉
    Graaaan articulo, como siempre! Aquí al habla una inmigrante con todos sus letras y doy fé que no es nada fácil empezar de zero, ni aquí, ni en la China. Gracias por abrirnos los ojos, o al menos intentar.
    Muaks!!!

  7. Interesante. Mucho.
    Parte de mi familia política es Noruega, nacida y criada allí. Una parte de esa familia se dedica con mucho éxito al sector farmacéutico, pero tratado el tema de la posibilidad de irse a trabajar allí, existen bastante trabas y problemas.
    Una parte de esa familia se han venido a vivir y a trabajar a España, donde han echado raíces. Con esto tampoco quiero decir que aquí estemos mejor, pero que afuera no nos vamos a encontrar el paraíso precisamente.

    • Gracias por tu comentario, amiga Miriam. Yo soy una fan incondicional del estilo de vida de los países nórdicos, pero, con todo y con eso, sé reconocer las dificultades cuando las veo, por más que algunos me quieran meter con calzador una versión edulcorada de la realidad. Cierto que aquí estamos a años luz de muchas cosas, pero conozco mucha gente que emigró a los países escandinavos y no lo han tenido tan fácil, precisamente.

  8. Genial como siempre. A mi el programa de Madrileños por el mundo, en Vilnius, me pilló alli y aunque se pusieron en contacto con amigos mios, al final no nos visitaron porque nuestra historia era poco interesante para ellos jajaja
    Me repatea el romanticismo barato con que la derecha trata el “sueño americano”. El emprendedor, el aventurero… Y llevado ese romanticismo a otros puntos de su dialectica barata, la victima de género que tiene que aprender a defenderse, etc etc.

    • Gracias por tu testimonio, compañero. Ya me habían dicho por otro lado que en este tipo de programa tienen tendencia a “guionizar” las historias de los expatriados para que resulten atractivos. Supongo que el prime time no entiende de cosas tan vulgares como tener que pirarse para buscarse las habichuelas, claro.

  9. Te explicas muy bien sobre el asunto, máxime cuando se tiene la experiencia de haber estado ese país. Estás bien posicionada para saber de lo que hablas. Estoy, prácticamente, de acuerdo en todo lo que dices y criticas y también soy de los que piensa que las cosas de la tele, especialmente, de TVE en mandato pepero, son siempre pamplinas. Estoy menos de acuerdo en que, empezar de cero en un país diferente, es muy difícil. Bueno, sí debe serlo, pero lo será mucho menos, en función de la fe que tengas en tus posibilidades y capacidades. Cierto es que sin pasta, es complicado, pero uno se convierte, casi por decreto, en un buscavidas y, poco a poco, se va metiendo a un montón de gente en bolsillo (en este caso, noruegos) y poco a poco, uno se va abriendo camino. Sólo añadir que, me ha gustado el desparpajo con el que narrado esta historia de Vikingos y de los que siguen “Buscando el Norte” engañados por la caja tonta del Estado…

  10. ¡Excelente artículo, como siempre, muy acertado! Desde el país vecino, Suecia, corroboro muchas de tus observaciones. Por supuesto que hay muy buenas oportunidades y es un muy buen país para vivir, pero ya somos mayorcitos para creernos lo que dice la tele, ¿no? Hay que ser muy inocente para pensar que te mudas y en un mes (o dos, o tres, o seis) encuentras un trabajo en el que te pagan el doble que en España y trabajas la mitad. El camino es largo y según las circunstancias personales de cada uno/a puede ser bastante arduo. Uno tiene que asumir su condición de inmigrante con todo lo que ello conlleva. Aprender el idioma es clave e imprescindible y tampoco es el único requisito para lograr un buen empleo. Otra cosa es que vengas ya con un contrato de trabajo desde el país de origen, pero ese no es el caso que nos ocupa.



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