25 ago

‘No’ es ‘no’

Cuando me enteré de que los presuntos -y digo “presuntos” como una cortesía al derecho penal nada más- violadores de San Fermín habían estado alardeando de su hazaña en un grupito de Whatsapp, no pude reprimir el instinto de opinar en público. Ese instinto, que con el único género que tenía algo que ver era con el humano, nació de mis tripas y brotó con fuerza hacia arriba, en dirección a mi garganta, hasta que salió disparado en forma de bilis. Así que me conecté a Facebook y, con los dedos llenos de rabia, escribí: “¿Y qué, machotes, cuando estéis en la cárcel y un puñado de convictos chungos os pongan en fila y os rompan el culo en seco, también se lo vais a contar a vuestros amiguetes de La Manada?”. Un análisis un pelín primario, ya lo sé. Pero, ¿qué otra cosa, sino escupir mi deseo de que les pagaran con la misma moneda a esos despreciables engendros medievales, podía hacer? Al fin y al cabo, es lo normal en situaciones como esta.

Lo normal en situaciones anormales.

Porque una violación es una situación anormal, aunque algunos parezcan empeñados en normalizarla.

Lo normal no es que una mujer tenga que estar constantemente vigilándose las espaldas por si a algún malnacido que no sabe mantener la polla en los pantalones se le ocurre agredirla en un callejón. Ni que, en pleno siglo XXI y en un país que se supone civilizado y moderno, se tengan que extremar las medidas de seguridad para impedir que eso ocurra. Tampoco es normal jactarse frente a los amigotes de haber violado a una mujer como si fuera lo más natural del mundo. Y desde luego, que a los amigotes en cuestión no les indigne, preocupe o revuelva el estómago esa conducta es bastante anormal, además de inmoral (aunque, poca cosa cabe esperar de un grupo de cromañones que se hacen llamar a sí mismos ‘La Manada’).

¿Sabéis que es lo normal para mí? Que una mujer pueda decidir libremente irse con cinco hombres en plena noche sin que la amenaza de la agresión sexual planee sobre su cabeza.

Porque eso no es indicativo de nada. Y mucho menos, de que quiera que la violen.

Que no tuviera que perder ni un sólo minuto más de su vida defendiendo algo tan fácil de entender como que ‘no’ es ‘no’.

Ni pedir perdón si hubiera dicho sí.

Porque, ¿sabéis qué? Una mujer también está en su derecho de querer follarse a cinco hombres a la vez si le da la real gana, sin que eso tenga que suponer forzosamente el despertar del depredador.

Pero si, por desgracia, eso acabara ocurriendo, lo normal, lo moral y lo humano sería que no tuviéramos que escuchar los típicos comentarios del -o la- machista indeseable de turno diciendo que ella se lo ha buscado. Como si los hombres fueran violadores por definición, y las mujeres presas fáciles. ¿En qué quedamos, a ver? ¿Somos personas capaces de respetarnos las unas a las otras, o animales primitivos y sanguinarios?

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15 comentarios de “‘No’ es ‘no’

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Y alardeando de ello…
    Parece que por mucho que pasen los años y que ya sea 2016, el machismo de nuestra patriarcal sociedad sigue rigiendo el comportamiento de muchos hombres. Entiendo que hay posibilidad de cambiar esta manera de comportarse por un modelo social justo e igualitario, pero para ello hay que modificar todos los estamentos de la sociedad desde la base y dejar de subvencionar la mayor fabrica de machistas del mundo: la iglesia.
    Buen texto, Carmen, como siempre.

  3. Despreciable lo de esta gentuza. Lamentablemente, me temo que queda mucho camino aún frente al machismo. Genial como siempre Carmen. Llamando al pan, pan, y al vino, vino.

  4. Me ha gustado mucho el tono de denuncia social y además dicho de una forma tan contundentemente sensata. Me indigné tanto, tanto, tanto, y luego con los del watshapp que también deseé que les dieran por la retaguardia en el trullo, cosa lógica, no deja de ser natural, dadas las circunstancias, eso lo pensamos más de uno y lo seguiremos haciendo. Lo que tambien me preocupa -y mucho- aparte del incremento de los delitos por violación y agresión sexual, intimidación sexual y acoso incluso en el trabajo y estando de acuerdo con el compañero comentarista cuando afirma que es fruto de una sociedad con educación patriarcal y la iglesia, me preocupa, decía, el hecho de que incluso desde las propias instituciones y aparatos de estado se fortalezca la posición por activa o por omisión de socorro o laxitud jurídica de la inculpación a la propia víctima; en el caso de la judicatura, ésta no se libra de reforzar o cumplimentar el papel de fiscalización a las víctimas. A tenor del caso famoso -y no hace tanto de eso- de aquel juez (no ha sido el único, desgraciadamente) que afirmó desde su principio de auctoritas (autoridad regia e institucional) que la chica había sido violada porque su actitud a la hora de vestir con minifalda había sido la causa, absolviendo al violador. Lo que viene a decir retrógradamente que una mujer se pone minifalda y que lo mínimo que le puede pasar por ello es que la viole un desconocido por la calle. Así por toda la jeta. Por eso, las cosas claras y el chocolate espeso, me he identificado con tu alegato. Más claro agua. El post hace justicia a las mujeres. Gracias.
    Un saludo

    • Muchísimas gracias por tu comentario, Marisa. Hay situaciones que ya ni a la justicia parecen inquietar mucho. Hace poco escuché a una jueza decir que la violencia de género -y por supuesto, una violación lo es- había adquirido ya la dimensión de terrorismo en nuestro país. ¿Y sabes lo qué provocó su comentario? La risa de unos cuantos. No hace falta decir nada más.

      Un saludo :)

  5. Me parece increíble que a estas alturas todavía andemos con estas. Aunque nos pese, en este país todavía nos queda mucho por aprender y muchas barreras que superar. Nos ha costado muchos años de lucha conseguir igualdad y derechos pero parece que no han sido suficientes viendo la cantidad de seres primitivos y de mentalidad obtusa que aún andan sueltos por nuestras calles.
    El otro día fui de paseo con mi perra por el paseo marítimo y como iba en pantalón corto de deporte (que soy muy provocadora yo) un señor de la edad de mi padre empezó a decirme groserías. Al principio pensé en insultarle y ponerlo a caer de un burro, pero en vez de eso “se me escapó” la perra y le puse los huevos de corbata. Cuando fui a cogerla me acerqué al señor y le dije: “Si llego a saber que hay cerdos por aquí me la traigo en ayunas”.
    Asco de gente.

    • Gracias por tu comentario, María del Mar. Lo que te pasó es horrible, pero fuiste muy valiente. Hay que empezar a darles un poco de su propia medicina a los cerdos machistas como ese.

      Un abrazo :)

  6. Sabes perfectamente que a mi se me ocurren otras formas para “educar” a este lumpen, principalmente aprovechando que los individuos más civilizados de San Fermín corren detrás de ellos.

    Saludos y sigue con tu espíritu.

  7. Como siempre no puedo estar más de acuerdo contigo. Es una vergüenza que las mujeres no podamos decidir nuestra vida sexual sin ser juzgadas por ello. Pero más triste y vergonzoso es que otros decidan por nosotras para violentarnos y forzarnos a situaciones donde la crueldad no se puede definir por el horror y terror que se padece. Simplemente siento vergüenza ajena por esos “hombres” machotes, pero más por educar a bárbaros.

  8. Veo que hay dos realidades, ambas lamentables, una la de los cromagnones sin cerebro que creen que el género femenino es una presa y la otra la del género femenino que vive bajo la presión social-sexual de ser vista como una puta (tal como tú lo has dicho) si decide irse a la cama con quien quiera y cuando quiera.
    Hace falta sentido común.



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