14 mar

Las vidas de Hans y Juan

Hans Holmqvist tiene 31 años, vive en Estocolmo y mide 1,95, aunque este dato en realidad es irrelevante. Juan García tiene 36 años, vive en Barcelona y mide 1,73, aunque este dato también es irrelevante.

Como cada mañana, Hans se ha despertado a las 7 en punto, se ha calzado su par de zapatillas Asics y ha salido a correr siete kilómetros. Unos 25 minutos más tarde, ha regresado a casa, se ha dado una ducha caliente y se ha sentado junto a Hanne, su hermosa y rubísima mujer, en la espaciosa cocina blanca de su casa adosada, donde se ha tomado su habitual desayuno a base de café, huevos, avena, queso y fruta importada mientras echaba un vistazo a los titulares del Aftonbladet. Pasadas las 8, Hans se ha despedido de Hanne con un beso en los labios, ha subido a su despacho en el piso de arriba, ha encendido su Mac Book Pro y se ha dirigido a la habitación contigua, donde el pequeño Viggo dormía plácidamente en su cuna. Tras haber comprobado y anotado su temperatura en el registro diario de su app Baby Connect, ha vuelto a su despacho, se ha sentado en su escritorio y se ha conectado a Skype para la primera conference call del día.

Mientras tanto, tres mil kilómetros más al sur, Juan ha vuelto a tener una bronca monumental con Ana, su mujer, en la destartalada cocina de su minúsculo y demasiado caro piso de alquiler.

-Vamos a ver, Ana. Si le digo a mi jefe que no voy porque el niño está malo, es capaz de mandarme derechito a la cola del Inem.

-Bueno, ¿y qué puñetas hacemos, Juan? Hace sólo una semana que me reincorporé de la baja maternal; no puedo empezar a faltar ya, que no está el horno para bollos.

-¿Y qué quieres que te diga? Llama a tu madre y que venga ella a hacerse cargo.

-¿Mi madre? ¡Mi madre no puede, Juan! ¿No ves que tiene artrosis?

-¡Pues mala suerte! Alguien tendrá que cuidar del crío, digo yo, ¿no?

-Todo esto no estaría pasando si hubiéramos pagado la guardería privada como te dije. Pero como eres un egoísta que sólo piensa en el trabajo…

-Que sí, Ana, lo que tú digas. ¿Me haces el desayuno o qué? Te recuerdo que hoy vuelve a haber huelga de transportes y a este paso, llego tarde otra vez.

-¿Sabes qué, Juan? ¡Que te lo hagas tú con la punta del pijo!

Después de la discusión, Juan se ha largado dando un portazo con poco menos de una taza de café de alguna de esas insípidas marcas compatible con Nespresso en el cuerpo y la corbata a medio anudar. Como cada mañana, se ha dirigido al metro, ha cogido un ejemplar del 20 minutos y lo ha lanzado a la primera papelera de camino al andén después de haber echado un vistazo rápido a la sección de deportes. Luego, se ha marcado un sprint de unos 15 segundos aproximadamente, el tiempo justo para escabullirse hacia el interior del vagón antes de que las puertas se cerrasen sin que le diera una angina de pecho. Tengo que dejar de fumar y decirle a la Ana que me ponga a régimen, se ha recordado a sí mismo, con la respiración entrecortada.

Hans es consultor en una multinacional de telecomunicaciones y gana 56 mil euros brutos al año. Uno de los requisitos solicitados en la descripción de su puesto de trabajo era que el candidato fuera capaz de organizarse de forma autónoma. Cuando contrataron a Hans, no le ofrecieron móvil o coche de empresa, pero a cambio le garantizaron horario flexible, teletrabajo, incentivos económicos para la paternidad y días libres a convenir. Hans trabaja 40 semanales, de las cuales pasa unas 30 en la oficina. La sede de su empresa se encuentra en la otra punta de Estocolmo, así que generalmente sólo acude cuando tiene alguna reunión. Hoy tiene 4 en su agenda, pero se ha quedado en casa. Su hijo está enfermo y toca hacer vab. Su jefe lo ha entendido perfectamente porque él mismo suele hacer vab varias veces al año. De hecho, en Suecia está muy mal visto que un padre no falte al trabajo de vez en cuando para cuidar de su hijo enfermo, porque eso significaría que descuida sus obligaciones como padre. ¿Y qué clase de trabajador sería entonces? A cambio, Hans ha decidido atender las reuniones desde casa. Él lo llama win-win.

Juan es un consultor subcontratado por una empresa española a su vez subcontratada por una multinacional de telecomunicaciones sueca y gana 27 mil euros brutos al año. Mucha gente opina que Juan es un privilegiado porque además de un sueldazo, tiene Ticket Restaurant. Uno de los requisitos solicitados en la descripción de su puesto de trabajo era que el candidato tuviera alta tolerancia al estrés. Cuando contrataron a Juan, no le ofrecieron móvil ni coche de empresa, pero tampoco horario flexible, ni teletrabajo, ni mucho menos días libres a convenir. El día que su jefe se enteró de que iba a ser padre, sólo hizo un comentario al respecto:

-Menos mal que no contraté a una mujer.

Juan trabaja 40 horas semanales, de las cuales pasa unas 50 en la oficina. Cuando Juan le sugirió a su jefe que tal vez estaba haciendo demasiadas horas extras, ésta fue su respuesta:

-Esto es lo que hay en consultoría, y si no, haberte dedicado a otra cosa.

-Pero es que ni siquiera me estás pagando las horas que hago de más. -se quejó Juan.

-Te advierto que esa actitud tuya es muy poco corporativa -replicó su jefe en tono amenazante.

Juan no volvió a sacar el tema nunca más y acabó aceptando con resignación que en lo sucesivo, su jornada laboral estaría destinada a acabar, como muy pronto, a la hora de la cena. Él lo llama ha-habido-un-pollo-a-última-hora-y-me-voy-a-tener-que-quedar.

Hoy a Juan le han jorobado la hora de la comida. Resulta que los suecos le han colocado una reunión por vídeo conferencia de 2 a 4.

-¡Joder con los suecos! -ha protestado- ¿Y no la podemos mover para las 4 o qué?

-Sí, los cojones vamos a mover. ¿Pero no ves que esa gente a las 4 ya está cenando? -ha argumentado su jefe.

A Juan, Hans Holmqvist, su interlocutor habitual, le parece un tío majo. El típico nórdico rubiales que habla perfectamente el inglés -no como él, que tiene un acento de Calasparra que da lástima-, y con una mujer que seguro que no se la lía parda cada vez que van a Ikea -no como la suya, que casi le estampa una Billy en la cabeza la última vez-. Hans le ha dicho a Juan que procuraría ir rápido porque su hijo estaba enfermo y tenía que atenderlo.

-Qué casualidad, el mío también.

-¿Y porqué no estás trabajando desde casa? -le ha preguntado Hans como si fuera lo más normal del mundo.

Cuando Juan le ha contado que en España está muy mal visto faltar al trabajo para cuidar de un hijo enfermo porque eso significaría que descuida sus obligaciones como trabajador, Hans no podía dar crédito.

-Pero entonces, si tú estás en el trabajo y tu mujer también, ¿con quién demonios está tu hijo? Imagino que en la guardería no te lo habrán aceptado si está enfermo.

-Con mi suegra. Mi hijo no va a la guardería. No había plaza para él en la pública, y la privada más cercana cuesta un dineral.

-En Suecia todas las guarderías son públicas. Sólo en mi calle hay 8.

-Pues en mi calle hay 8 bares.

Poco después de las 5, Hans se ha desconectado de Skype, ha apagado su portátil, se ha dirigido a la habitación contigua y ha preparado al pequeño Viggo para su baño diario. En el piso de abajo, su mujer, Hanne, que ha llegado no hace mucho de su clase de yoga Bikram, ultima los preparativos para la cena de esta noche. Hoy los Holmqvist tienen invitados: Un colega de Hanne de la universidad y su mujer, que como ella, se acaba de incorporar al trabajo después de haber agotado 10 de los 16 meses de baja que garantiza el estado sueco. Será estupendo intercambiar impresiones con ellos, ha pensado Hans mientras iba a comprar unas cuantas botellas de vino francés. A las 9, los amigos de Hanne se han marchado, momento en el que Hans, tras haber comprobado y anotado la temperatura del pequeño Viggo en el registro diario de su app Baby Connect, se ha lanzado a arrancarle las bragas a su mujer y le ha practicado el mejor sexo oral de todos los tiempos, según palabras de la propia Hanne.

Juan ha llegado a casa a eso de las 10 con su jefe soltando mierda a raudales al otro lado del móvil.

-¡Ni pero ni pera, García! O me solucionas el problema mañana a primera hora o va a haber consecuencias. Tú mismo.

Tras colgar, se ha quitado los zapatos exhalando de placer y los ha dejado tirados de cualquier manera sobre la alfombra del comedor. A Ana eso no le hace ni puta gracia, pero la verdad es que está demasiado cansado para agacharse. Acto seguido, se ha calentado en el micro ondas las sobras del pollo que su suegra ha preparado al medio día, se ha abierto una de esas birras aguadas del Lidl -más malas que la peste pero muy bien de precio-, y se ha sentado en el sofá a cenar  con el mando de la tele en la mano. A ver qué ha pasado hoy en el mundo, se ha dicho mientras hacía zapping. Media hora después, se ha dirigido a su habitación, se ha metido en la cama y le ha dado un beso húmedo en la oreja a su mujer, que ya dormía, con la esperanza de que ése no fuera el único agujero en el que metiera la lengua esta noche. Sin embargo,  la única respuesta de Ana a los estímulos de su marido ha sido:

-¿Pero tú te crees que tengo yo hoy el chichi pa’ farolillos o qué?

Acompañada de un gruñido.

Resignado, Juan se ha dado la vuelta resoplando, y se ha quedado traspuesto a los pocos minutos, hasta que el llanto del pequeño Víctor, que dormía plácidamente en su cuna al lado de Ana, lo ha despertado.

-Juan… ¡Juan! Levántate y mira a ver si el niño sigue teniendo fiebre, anda.

-Pfffffff….. Voooooy.

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21 comentarios de “Las vidas de Hans y Juan

  1. Me encanta el tono y el ritmo del relato es completamente magistral. La historia podría ser completamente verdadera. Me parece muy triste, pero así es la diferencia entre conciliar vida laboral y personal entre los dos países. Por supuesto, si el hijo está enfermo, el padre o la madre se quedan en casa, y sí, socialmente está muy mal visto no hacerlo.

    • Gracias por comentar, Borja. Tú que tienes la suerte de vivir en un país que está una -o dos- generaciones por delante de nosotros, lo sabes bien. La conciliación es fundamental para aumentar y mejorar la productividad. Eso lo saben los que han dado un paso más allá de verdad en esto de la innovación.
      Hej då!

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Algunos hemos sufrido miradas raras porque el pediatra no conocía a mi mujer.
    También hemos sufrido por no poder conciliar en una empresa que tiene tres premios por lo contrario ( más tarde me enteré que esos premios son premios de chichinabo creados para el paripé).
    Por eso, no entiendo esas historias aunque me consta la explotación de los abuelos como canguros porque conocí a uno que se levantaba a las 5 de la mañana para atravesar todo Madrid y estar a las7 en casa de su hija.
    En España no se concilia como tampoco se le paga lo mismo a las mujeres y como la mayor parte de los hombres tampoco hacen nada en casa.
    En España está la gente con Nadal que es un tema muy importante.
    Salud Carmen y como siempre mi más sincera Enhorabuena!

    • Querido Celemín,

      Me consta que no eres el único hombre al que le molesta. De hecho a mí misma me molesta que cuando se habla de conciliación, no se incluya más a los hombres en el discurso. Como si los hombres no formaran parte igual que las mujeres de esta polaridad llamada paternidad… Por desgracia, en Españistán estamos a años luz de una organización del tiempo racional. Aquí estamos por el sol, las tapas y las gilipolleces que se digan en Jugones o en la tertulia pseudo política de turno. Yo siempre he defendido, primero que el presencialismo laboral no siempre es necesario ni positivo. Y segundo, que a menos horas trabajadas, más eficiencia. Habría que despertarse antes y acabar antes. Dejarse de tanto piti, cafelito y comidas de 2 horas y nos iría mejor. Más felices, mejores trabajadores.

      Besotes!!

  4. Se te ha olvidado mencionar que en Suecia el despido es prácticamente libre y la prestación por desempleo también casi inexistente. Es decir que hay muchísima más libertad laboral y no tanto proteccionismo para el trabajador como aquí. Ahh creo que tampoco hay un sueldo mínimo por ley estatal. Pero claro, aquí lo queremos todos, los pros de aquí y los pros de allí pero sin ninguna contra. A ser posible funcionario indespedible.

    • Hola Pere,

      Gracias por tu comentario. Tienes razón en que en todas partes hay luces y sombras. Nada es perfecto y el modelo sueco no iba a ser la excepción. Dicho lo cual, en un país con una tasa de desempleo menor al 8%, cuyo gobierno favorece la paternidad y la paridad con políticas integrativas e incentivos económicos, donde la jornada laboral se flexibiliza y donde el salario medio se sitúa cerca de los 45 mil euros, lo siento pero me quedo con los nórdicos. Con todos los contras que tengan :)

  5. Eres una maestra en reflejar esta m….de sociedad española en que vivimos.
    La conciliación familiar y laboral, la educación de respeto a la persona, el valor que le damos los españoles al trabajo. Y las prioridades que damos a según que cosas, que al final no son tan importantes como otras;son asignaturas pendientes pero lo llevo escuchando desde que nací y tengo unos cuantos.
    Cada día más decepcionada y desilusionada de este país llamado España.

    • Dolors, muchas gracias :)
      Tú lo has dicho, le damos al trabajo una importancia que desde mi humilde punto de vista es errónea. No porque el trabajo no sea importante, pero es que el trabajo precario que nos hace infelices no puede ser el sostén de una sociedad que se diga a sí misma avanzada.

      Besos!

  6. Si no fuera por el vasto abanico etimológico que posees y la buena gestión y administración de las informaciones en tu relato cotidiano-social-laboral, te diría que te has marcado un topicazo existencial, un retrato más sobao que la corrupción en la Sexta, un retrato de la era del Landismo. Tampoco nos vamos a comparar con los suecos ni en “talla” fisíca, ni “talla” social, ni “talla” soberana. Estamos a años luz de los vikingos, con todo, vienen al Reino buscando el sol y la fiesta.
    De todas formas, sigue iluminándonos con tu dominio etimológico y con tu buena organización a la hora de contar historias de lo cotidiano.

    • Pau,
      Me complace que me hagas esta crítica (?) de la cual me defenderé diciendo que los topicazos son la esencia misma del costumbrismo que alimentó los espíritus de algunos grandes narradores de nuestra historia, y por supuesto, al de esta humilde aspirante. Dicho lo cual y esnobismos a parte, es cierto que las diferencias entre vikingos y sanchopanzones están más trillás que las adicciones de la Belén Esteban, pero es que sigue chocando que seamos Europa nada más que para lo que interesa. No me extraña que nos consideren de los PIIGS.
      Gracias por tus elocuentes halagos 😉

  7. Aplaudo tus tópicos que siempre tienen algo de pura verdad detrás, pero ¡muy mitificado el mundo nórdico! No dudo que en Suecia hayan muchos Hannes pero también hay muchos Juanes.
    Sin embargo hay que reconocer que eso del VAB (Vård av barn, cuidar de un/a hijo/a, sería la traducción más cercana) vende como un catálogo del IKEA (luego ves los muebles en la tienda y son una decepción). Y es que a la hora de conciliar en Suecia también “tiran” de abuelos (los que pueden).
    Tampoco hace falta recordar que todos esos días VAB se pagan con impuestos. Impuestos que salen básicamente de los sueldos de los papás/mamás (y de los que no lo somos también, dicho sea de paso). Un 30-33% del sueldo, por lo menos 😉

    • Hola Lotta,

      Gracias por tu comentario y por ilustrarnos con tus experiencias de primera mano. Como ya le comentaba anteriormente a otro lector, los países nórdicos tampoco son ya la panacea, pero a pesar de que en algunos aspectos tienen políticas excluyentes, sobre todo para los Juanes, me parece que el modelo social sueco sigue siendo mucho más civilizado que el español. No obstante, la intención era satirizar por ambas partes. Ni Sverige es tan idílica, ni España tan catastrófica. Bueno, en realidad España sí es bastante catastrófica 😛

  8. Gracias Alfredo. Sí que tiene tópicos, pero detrás del uso de los mismos se esconde la esencia de la narrativa costumbrista. Tenía yo un profesor de Comunicación Social que decía que los tópicos suelen tener fundamento científico, aunque como digo, aquí la intención era satirizar como acostumbro a hacer. Espero que recargues las pilas antes de tu próximo pffff… 😉
    Saludos!

  9. Excelente historia que con humor y gran sinceridad, exalta las grandes diferencias sociales entre el norte y el sur. Ahora que tengo una nena pequena, me doy cuenta de lo dificil que puede llegar a ser mantener un equilibrio emocial/social con tu familia y contigo mismo. Aqui en UK parece que estamos a medio camino, pero todo ayuda. En serio no se dan cuenta que el rol del ciudadano con su familia (equilibrio, respeto etc…) es basico para poder desarrollar el estado de biniestar?

    Carmen I loved it.

  10. Estefi, gracias por leer y comentar! Esperemos que, tanto en UK como un poco más al sur, se empiecen a contagiar un poco de los escandinavos, por la cuenta que nos trae a todos.



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