23 dic

El día que supe que iba a ser madre

Hace unos meses, ni siquiera quería oír hablar del tema. Cada vez que alguien me preguntaba acerca de mis planes de ser madre, me ponía tensa. Todavía soy muy joven o hay muchos países a los que aún tengo que viajar solían ser mis respuestas comodín. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, sacaba las garras y soltaba un bufido que dejaba al interlocutor del color de la nieve. Pero es normal; supongo que me sentía presionada y, sobre todo, aterrada por la responsabilidad que implica traer un hijo al mundo.

Aunque entonces, yo no lo sabía.

Dicen que las mujeres tenemos una especie de reloj biológico que se pone en marcha sin avisar en un momento determinado de nuestra vida. Y es verdad. Ya lo creo que es verdad. Yo no sé qué fue lo que desencadenó que las agujas del mío comenzaran a correr de la noche a la mañana. Tal vez, que en las cada vez más escasas reuniones con mis amigos, la conversación siempre giraba alrededor de cunas, pañales y lactancia. O tal vez, que un día me descubrí a mí misma más segura que nunca de que la persona con la que comparto el día a día es la justa. No lo sé, sencillamente sentí que había llegado el momento de ir un paso más allá.

Una de las cosas que más me angustiaba era que llegara a convertirme en una de esas mujeres que se obsesionan con la fertilidad. Pero después de un par de intentos fallidos, reconozco que es muy fácil caer en la trampa de la ansiedad. Llevo toda la vida creyendo que hacer niños es pura cuestión de matemáticas. Papá pone una semillita en el vientre de mamá y… voilà! Pero no. Resulta que no siempre es tan sencillo. Así que cuando la ecuación no da el resultado esperado comienzan a despejarse incógnitas hasta ahora desconocidas como los controles de ovulación o la calendarización del sexo.

Qué gran error.

Yo iba por ese camino, para qué voy a mentir. Pero un día me miré al espejo y me dije a mí misma que este era uno de esos momentos especiales en la vida en los que no se puede tener prisa. Y no sé por qué, pero me relajé. Fue como si hubiera madurado diez años de golpe. Así que me deshice de todos los métodos de medición de fertilidad que tenía en casa y, en vez de asaltar a mi pareja como una adolescente salida, esperé a volver a sentir el deseo natural de tenerlo entre mis piernas.

Y funcionó.

Y lo que vino después, fue maravilloso.

El día que supe que iba a ser madre fue el día que empecé a serlo. No me preguntéis cómo es posible; sólo sé que es así. Recuerdo cada segundo de cada minuto de cada hora de aquel día como si fuera hoy mismo. Recuerdo todo lo que sentí desde que me atreví a mirar el test de embarazo que reposaba sobre el mueble del baño, hasta que me fui a dormir con la extraña sensación de que no estaba «sola».

Desconcierto.

Alegría.

Nervios.

Calma.

Y miedo, sobre todo mucho miedo.

Pero no miedo de haberme equivocado o a sacrificar costumbres. No; no esa clase de miedo. Era otro miedo. Era el miedo que sólo puede experimentar una mujer en cuyo interior se está gestando una vida.

Un miedo que te acompaña para siempre.

Ese día, el día que supe que iba a ser madre, nací de nuevo. Observé mi vientre frente al espejo y todo lo demás dejó de importar.

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17 comentarios de “El día que supe que iba a ser madre

  1. Qué bonita esta entrada, Carmen. Muy real, sin tapujos, tal y como eres tú.
    Y, en realidad, cargada de la ternura de uno de los sucesos más trascendentales que podemos experimentar: el traer al mundo una nueva vida.
    Serás una madre maravillosa.
    Un abrazo.
    Y Feliz Navidad.

  2. Pingback: El día que supe que iba a ser madre

  3. Que hermosas palabras, se nota la ilusión y si todo llega en su momento, disfruta de esta oportunidad, a pesar de que, muchas feministas odian cuando se dice que la maternidad, es una etapa que toda mujer debe vivir es una realidad, un milagro que solo se puede entender si lo vives, me alegro que lo vivas de esa manera.

    • Mi querida Jossy, es verdad que es un momento único en la vida de cualquier mujer. Creo que no hay nada que se le pueda comparar. No entiendo esas posturas, la verdad. Yo me considero una persona con mucha conciencia de género y eso no está reñido para nada con algo tan intenso como la maternidad.

      Un besazo ;P

  4. Un don que solo tienen las féminas mujeres, sentir el cuerpo y alma de quien llevan dentro. ¡Enhorabuena Carmen!, disfruta de estos momentos que en definitiva son los más mágicos de la vida. ¡FELIZ NAVIDAD!



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