22 feb

Bienvenidos a la era de la mediocridad humana

Bienvenidos a la era de la tecnología ilimitada, del 5G, de los drones que entregan pizza a domicilio, de las tazas de café que levitan, de las apps que predicen cuándo echarás tu próximo polvo. La era de los gurús de vaqueros y camiseta, como Mark Zuckerberg, cuya camiseta, por cierto, está hecha en Bangladesh, donde por cierto, se cobra el salario mínimo más mínimo del mundo (0,25 euros la hora), mientras él, el tal Zuckerberg, se embolsa lo mismo pero multiplicado por infinito al cubo por convencernos en ese escaparte de capitalismo desbocado llamado Mobile World Congress de que el móvil lo es todo.

Bienvenidos a la era de la infinita estupidez humana. De la belleza que no es belleza si no ha pasado previamente por el filtro Amaro. O Hudson. O Valencia. Alto contraste. Bajo contraste. Ensombrecer. Atenuar. Alisar. Falsear. De los postres sin calorías que nos harán adelgazar desde el sofá de casa porque así lo avala un médico. O la multinacional que ha pagado al médico. Porque hay que estar delgado. Hay que ser delgado. Hay que hacer yoga a 40 grados. Correr maratones descalzos. Levantar una tonelada de hierro con la punta del cipote si es preciso. La era del veganismo, el flexivegetarianismo, los batidos detox de bayas y semillas, la cosmética respetuosa con el medio ambiente y no testada en animales. La misma que quizá utilizasen algunos de los turistas que mataron deshidratando lentamente a un delfín por hacerse un selfie con él.

Bienvenidos a la era del egoísmo. Del yo, del súper yo y del veinte veces yo. De mirar por encima del hombro. De mirar de reojo. De no mirar en absoluto. Sí, esta es la era en la que se mira con lupa lo políticamente incorrecto, pero se mira para otro lado cuando un barco llega a una playa en cualquier parte del mundo cargado de personas que huyen del horror. O de la guerra. O del hambre. O de la injusticia. O de todo junto. Porque esta es la era de las víctimas de primera y las víctimas de segunda. Del Je suis Paris, pero Je ne suis pas Sirie. Porque ni tú ni yo somos ningún país de esos en los que la gente se mata la una a la otra a machetazos como salvajes. Esos países que llevan tanto tiempo en conflicto que ya nos aburren. Esos países que no somos capaces de situar en un mapa, pero que sabemos que tienen cobalto. Estaño. Diamantes. Petróleo. Oro. Y armas. Muchas armas que alguien con la piel muy clara y algún traje de firma les ha llevado en un avión blindado.

Bienvenidos a la era del mundo a dos velocidades. El del 99% y el del 1%. El de los ricos que ahogan a la clase media, que le dicen que han vivido por encima de sus posibilidades, que les cargan sus deudas y les hacen víctimas de sus mentiras. Que les gritan que trabajen más y ganen menos para que ellos tengan un mejor margen de beneficio. De las cajas B y los sobres B que hacen tan necesario un plan B. La era de la clase media soñolienta y amodorrada que mientras tanto juega a ser rica y viaja pagando en cómodos plazos a algún resort caribeño all included. Lejos del mundanal ruido. Pero cerca de su smartphone. Para joder al vecino y que se muera de envidia. La era de la soberbia, del “Si se han arruinado, por algo será”. “Si los han desahuciado, por algo será”. “Si 5 millones de vagos no encuentran trabajo, por algo será”. La era de los pobres que votan a la derecha y los ricos de izquierdas que no pueden serlo porque no huelen mal. Ni visten mal. Ni malviven en una casa okupa. Y son cultos. Han leído. Tienen dinero. Y representan al pueblo. Y por eso el establishment les tiene tanto miedo. Tienen miedo de que convenzan al pueblo de que se alce al grito de Varoufuck you all! Tienen miedo de que si ellos siguen haciéndose los suecos, nosotros empecemos a hacernos los griegos.

Bienvenidos a la era de las necesidades ficticias. De las tarjetas de crédito que nos queman las manos. Del iPhone 7 que es igual que el 6, que es igual que el 5, que es igual que el 4. Salvo por alguna cosa. Del robot que cocina para nosotros un increíble soufflé de higos flambeados con crème brulée y virutas de chocolate de Ghana muy #instafood #instapic #instalike #foodporn y #picoftheday. De las newsletters de Atrápalo, Offerum, Let’s Bonus, o Groupon que nos hacen creer que necesitamos un drenaje linfático y lo necesitamos ahora. Justo después del soufflé. O una sesión de reiki. O un desrizado japonés en una peluquería china. Del mismo dueño que el bar chino. Y que la frutería china. Y que el bazar chino. Y que todos los bares, fruterías y bazares chinos de España que sirven para blanquear pasta china.

Bienvenidos a la era de la desinformación. De la infoxicación. Del híper realismo de los memes de Cabronazi y el espíritu crítico de Twitter. Y menos mal. De las mentiras de la prensa al servicio del gobierno de turno, a su vez al servicio de las grandes corporaciones que cotizan en bolsa pero tributan vaya usted a saber dónde. De la subnormalidad extrema de la televisión y sus concursos de talento rápido tan contrarios a la cultura del esfuerzo. De los casados a primera vista, las princesas que buscan príncipe, los grandes hermanos,  los supervivientes, los jugones que idolatran futbolistas defraudadores con papás que han olvidado que hace dos días no tenían ni donde caerse muertos, o los callejeros a la caza de yonkis y mendigos sólo para restregarnos el degrado humano por las narices y que podamos quedarnos tranquilos con nuestra conciencia porque no estamos tan mal. Es la era de la sociedad narcotizada, idiotizada, atontada y aborregada. La que odia ponerse triste con Salvados y prefiere distraer la mente con Sálvame. La que sabe quién es Christian Grey, Pitbull, Ylenia o Mario Vaquerizo, el essitising, pero no sabe quién es Marcel Proust, a pesar de las magdalenas. A pesar de todo el tiempo perdido.

Bienvenidos a la era de la ansiedad social. De la frustración. De las prioridades invertidas. De la uniformidad. Del estrés. Del mundo al revés. De los niños que aun siendo niños han perdido la inocencia. De los adultos que matan niños. De los niños que matan niños. De los abuelos abandonados, olvidados porque ya no sirven. De las mujeres maltratadas, explotadas, vendidas como trozos de carne. De las diferencias que no se aceptan. De las diferencias por las que se mata. De los animales asesinados a palos. De la naturaleza que se asfixia con el humo de las fábricas. Del calor en invierno y el frío en verano.

Bienvenidos a la era del todo y el nada. Del crecimiento y del sufrimiento.

Bienvenidos a la era de la mediocridad humana.


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18 comentarios de “Bienvenidos a la era de la mediocridad humana

  1. Una explicación buena, extensa y necesaria. Necesaria para que alguien lea ésto, abra los ojos e implique al vecino en la empresa de no ser tan imbécil. De esta manera, se pueden ir restando imbéciles. Tienes argumentos con mucho peso y me gusta la denuncia que haces del estado de las cosas que, por cierto, están fatal, me atrevo a decir que están fatal. Pero sigue iluminándonos con tus palabras, a ver si aprendemos a ser menos idiotas.

    • Joder, y yo que creía que me iba a encontrar una crítica feroz sobre lo descacharrante de mi discurso, o que me sermonearías con que dejara de verlo todo tan negro y me olvidara de mi gusto por lo apocalíptico!! Muchas gracias por tu encouragement :)

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  4. Vale. Así es si así te parece.
    ¿Alguna idea para no sentirme culpable o sufridor de lo que dices.?
    ¿Alguna idea tuya, alguna solución, algún libro que nos ayude a entender y solucionar lo que dices.?

    Creo que ya sabrás que eso de “voy a acabar de una vez con todas con …” y el “ya lo decía yo”, creo que está muy visto.

    Y eso de no pagar la deuda… ¿No está relacionado con el dicho: “Quiero toda la herencia de mis padres, excepto las deudas que tenían y firmaron.?

    • Ante todo, muchas gracias por pasarte y comentar Aitor. Y por desafiarme con tus preguntas, que por cierto, me han encantado.

      No voy a fingir que yo estoy fuera del sistema. No voy a pretender que me encuentro en una especie de atalaya por encima del bien y del mal, porque no es así. Yo soy tan cómplice y víctima del sistema como tú y como todos. La mayor parte del tiempo me resigno. Me digo que no se puede hacer nada. Que soy demasiado pequeña para hacer frente a algo tan grande. Yo no he ido a rescatar refugiados al Mar Egeo. Me compro la ropa en HyM. Estoy enganchada al móvil como una quinceañera. No soy ninguna ciudadana ejemplar. No he venido aquí a dar lecciones. Esto es una terapia de choque. La mayoría de las almas sensibles aunque estemos un poco aturdidas, lo hacemos. Porque lo necesitamos. Porque en el fondo no nos conformamos. Y por eso algunos escribimos bofetadas de realidad para desahogarnos. Otros se van al Egeo. Y otros boicotean a HyM. Cada uno hace activismo como puede, como sabe, como quiere.

      Sobre las soluciones, sinceramente dudo que haya respuestas únicas para nada en la vida. Al final todo depende de la vara de medir que se aplique. Si tú eres un gran empresario del textil que se ha deslocalizado en Bangladesh para abaratar costes porque tienes una industria que sacar adelante, qué te voy a contar yo de la explotación laboral. Me dirás que sí, pero que Occidente demanda, y como Occidente demanda, Oriente se tiene que poner a currar como un cabrón. Quizás, te podría decir yo, habría que contener el ansia de consumo en Occidente. Ya y entonces la economía no crecerá, me contestarías tú. Es que quizás no hace falta, seguiría yo. Quizás no hace falta cambiar de móvil cada 6 meses, que es que nos lo meten con calzador. Ni tener una tele curva de 50 pulgadas y sonido ultraprofundo para ver un programa de mierda o una película de culto, lo mismo da. Quizás es que deberían educarnos de otra forma. A que valoráramos lo que somos por encima de lo que tenemos.

      Espero haberme explicado, aunque ya ves que yo tampoco tengo ninguna verdad metida bajo la manga.
      Saludos.

  5. Hace poco alguien le dijo a mi hijo que el no podía cambiar el mundo. Yo le dije que el mundo cambiaba porque había gente que lo hacía posible. Pienso que los grandes cambios empiezan con revoluciones personales y el primer paso es darse cuenta de lo que no y no queremos. Por muy aborregados y metidos en la rueda que estemos cada pequeño gesto cuenta, y la rueda se puede romper. Yo estoy rompiendo la mía.

    • Bravo Ama Blanca! El mundo está hecho para valientes como tú. Como tu hijo. Pienso exactamente lo mismo que tú. Cada gota de agua cuenta para llenar un río, así que ánimo y a seguir fluyendo. Me alegro de que estés rompiendo reglas.
      Muchas gracias por tu comentario, de verdad :)

  6. Ni los tertulianos televisivos pueden hacer un análisis tan exhauistivo como el tuyo. Una sociedad corrupta en valores, como ayuda a tu prójimo; corrupta en las personas,aquellos q dilapidar el dinero nuestro pobres contribuyentes;corrupta en las cosas,cuántas más tienes mejor eres…y un largo etc.Es necesario art. como éste para recordarnos q somos cómplices de ello. Fantástico

  7. Muchas gracias Dolors. Cuánta razón hay en tus palabras. Eso del prójimo se nos ha quedado grande ya. Una pena que la humanidad se esté convirtiendo en crueldad a pasos agigantados. Besos!! Y de nuevo, mil gracias por tu comentario :)

  8. Excelente resumen del funcionamiento del mundo en el que vivimos. A veces necesitamos reflexiones como esta para poder ver las cosas con perspectiva.

    Evidentemente no nos vamos a volver todos locos e irnos a la jungla a vivir como hippies, pero sí que deberíamos tomar consciencia de todo el derroche e injusticias que hacemos sin ni siquiera darnos cuenta

  9. Mejor que la bienvenida, deberíamos dar el pésame a esta humanidad tan desconcertante, extremista, individualista e inculta.

    Como siempre, bueno, muy bueno.

  10. Te aplaudo de pie, cuánta razón tienes!
    Lástima que gran parte de la sociedad prefiera mirar al otro lado cómo si la cosa no fuera con ellos.
    Gracias por poner delante de nuestra caras la verdad sin Photoshop.

  11. muy lúcido, pero no todo tiene que ser para mal, las redes sociales se pueden utilizar para alcanzar una conciencia justamente contraria al individualismo y aprender a integrarse con el prójimo gracias a éstas. Ahora bien con respecto a los medios de des-información es tristemente cierto. Todos vendidos al amo.

  12. Gracias igipop por pasarte y comentar. Pienso como tú, que no todo está perdido, y que las redes pueden servir para remover conciencias. Ojalá sepamos hacer un buen uso de ellas.
    Saludos!!



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