11 may

Una charla con Fernando Berlín

Al principio me costó reconocerlo. Estaba tan acostumbrada a sus eternas monturas negras de pasta y a ese estilo sobrio de vestir que suele llevar en televisión, que no caí en la cuenta de que era él hasta que un revelador rayo de sol iluminó su espesa cabellera castaña. De forma casi premonitoria, despegó la vista del ejemplar de El País que estaba leyendo, dirigió sus ojos marrones hacia mí y una amplia sonrisa se dibujó en su boca.

-¿Y esas gafas? -pregunté acercándome a él.

-¿No te gustan?

-Mmm… -fruncí los labios calibrando la respuesta- No están mal; el rojo te sienta bien.

-Anda, tardona -dijo con cariño. -Siéntate.

-Lo siento -me excusé-. El tráfico; ya sabes.

Era sábado. Los fines de semana no había programa, y a no ser que alguna bomba informativa de ultimísima hora requiriese de su imperativa presencia en una u otra tertulia televisiva, a Fernando le gustaba coger el Ave de vez en cuando y venirse a pasar la mañana a Barcelona. Solíamos sentarnos en la céntrica y por lo general soleada terraza de la cafetería Sherwood, en Plaza de Sants, desde la que nos entusiasmábamos arreglando el mundo como dos chiquillos llenos de ilusiones.

-Otro café solo para mí y un té verde para mi amiga, por favor -le dijo al camarero, que tomó nota con rapidez y dio media vuelta girando sobre sus talones. -No sé porqué no tomas café, Spice -a Fernando le gusta llamarme por mi apodo en Twitter-, si es una de las pocas cosas buenas que los políticos de este país tan pequeño y tan pacato no nos han prohibido todavía. -Sonreí discretamente. A Fernando le encanta usar la palabra “pacato”-. ¿Qué traes ahí? -añadió señalando la bolsa que tenía entre las manos.

-Ah, esto. Es un regalo para ti, Fer. -respondí. Saqué un pequeño paquete de la bolsa y se lo tendí.

-¿Para mí? ¿Y eso? -inquirió esbozando una sonrisa infantil.

-Porque has estado pachucho últimamente. Y porque me ha dado la gana. Punto.

Se lanzó a desenvolver el paquete con el ansia de la novedad y ante sus ojos apareció un viejo aunque cuidado ejemplar de Los cínicos no sirven para este oficio, de Ryszard Kapuściński.

-Ábrelo por la primera página y lee lo que hay escrito -ordené.

“Para Carmen, con la esperanza de que nunca te vuelvas una cínica. Con cariño, Ryszard”

-¡Pero, Spice! ¡Si está dedicado por el mismísimo Kapuściński! No puedo aceptarlo. Te lo agradezco muchísimo, pero no puedo aceptarlo.

-Ya, pero es que yo quiero que lo tengas tú. Porque después de Kapuściński y Larra, eres el periodista que más admiro; ya lo sabes. Contigo no me siento sola. Y eres el tipo de periodista que yo aspiro a ser. El perfil ideal. -maticé a conciencia.

-Eres muy amable, Spice, pero yo creo que hay muchos perfiles, tantos como personas. Yo mismo he planeado por varias facetas, aunque creo que últimamente me encuentro más cómodo dejando que cada uno se retrate a sí mismo. Suele ser bastante eficaz, porque la gente ya está muy entrenada.

-¿A qué te refieres? -quise saber frunciendo el ceño.

-A que el volumen de información que obtenemos hoy en día es tan amplio, que el nivel de formación de los consumidores es gigantesco.

-¿De verdad lo crees, Fer? Porque yo tengo la sensación de que, si bien es cierto que la información circula de forma más rápida y democrática gracias a las redes sociales, nos estamos infoxificando.

Infoxificación. -dijo con un brillo especulativo en sus grandes ojos marrones. -Me gusta ese término. Supongo que lo que quieres decir es que la inmediatez le está comiendo terreno a la profundidad del contexto, ¿no, Spice?

Asentí con pesar.

-A veces creo que nos hemos convertido en meros devoradores de titulares. -argumenté con un dejo de melancolía en la voz. -O, peor aún, que cualquiera con un blog o una cuenta de Twitter se cree con derecho a autodenominarse periodista. Nos estamos cargando a la profesión, Fer.

El camarero trajo la comanda y depositó las tazas con cuidado sobre la mesa de metal.

-Serán 3 euros con 20, por favor -anunció el hombre educadamente.

Hice un amago de sacar mi monedero del bolso, pero Fernando me lo impidió con un gesto seco de la mano y pagó él mismo, como de costumbre. En aquel momento me dio por pensar en todas las lecciones, no sólo de periodismo, sino de humanidad, que había recibido de él.

De Fernando Berlín.

De Ryszard Kapuściński.

De Mariano José de Larra.

3 euros con 20.

Joder, pensé. Tendría que ser yo la que le pagara a él por todo lo que me está enseñando.

Di un pequeño sorbo a mi té verde y lo miré esperando ansiosa a que retomara el hilo de aquella interesante conversación.

-No te apures, Spice -dijo mientras vertía el sobre de azúcar en su café y lo removía con la cucharilla-. El periodismo no ha muerto. Nacho Escolar siempre lo ejemplifica diciendo que salir a correr salimos muchos, pero que otra cosa diferente es correr de forma profesional, algo que ya necesita de un entrenamiento constante y específico. Pues al periodismo le pasa un poco lo mismo. Es cierto que la tecnología ha democratizado la forma de comunicar al mundo, pero hay gente que hace de esto su dedicación, con entrenamiento diario, y sabe trabajar con fiabilidad la materia prima de esta profesión que es la información.

-Entonces, ¿tú crees que el periodismo tiene futuro?

-¡Por supuesto que lo tiene, mujer! Sin embargo, la profesión tendrá que acostumbrarse a convivir y a compartir su espacio con miles de nuevos productores de contenidos, de todo tipo y condición. -argumentó Fernando.

-O sea, cualquiera que tenga un blog o una cuenta de Twitter y se crea con derecho a autodenominarse a sí mismo periodista -insistí con retintín.

Fernando sonrió con picardía y se pasó las manos por el pelo.

-No obstante -apunté-, aunque le augures un futuro ciertamente optimista al periodismo, ¿no tienes la sensación de que la ciudadanía está cada vez más alejada de los grandes medios tradicionales?

-Cierto- afirmó-. Es algo que se observa claramente en las críticas de los lectores y de los oyentes. Yo mismo, en La Cafetera, me doy cuenta de que las necesidades informativas de mi público no siempre siguen el mismo curso de la agenda setting. Tú piensa que ahora, cualquiera con una conexión a Internet tiene acceso a múltiples fuentes informativas, y eso hace que la gente haya desarrollado un fuerte espíritu crítico. Las imposturas son rápidamente detectadas.

-Pero eso contradice tu creencia de que vivimos el tiempo que nos toca entre bostezos. -le rebatí.

-¡Hay que ver cómo te gusta jugar a ser el perro de presa, Spice! -exclamó tras soltar una risotada sincera. -Además -matizó con un simpático tono expiatorio-, esa frase es de Iñaki Gabilondo.

-Oye -dije poniéndome seria otra vez. -Quiero que te quedes el libro. De verdad.

-Pero Spice…

-No hay peros que valgan, Fer. Para mí es muy importante que lo tengas tú. No importa que esté dedicado. Todo lo que yo he aprendido de Kapuściński trasciende a una mera dedicatoria. Los cínicos no sirven para este oficio. Y tú eres de los pocos periodistas no cínicos que quedan en este país.

-¿Sabes lo que dijo Abraham Lincoln?

-Mmmm… -titubeé un instante- ¿Eureka?

-No, boba, ése fue Arquímedes -replicó Fernando entre risas. – Lincoln dijo: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. La mentira impúdica y deshonesta no se puede esconder mucho, querida amiga. Así que no todo está perdido.

-Vale, te compro el argumento. Pero no me negarás que en el periodismo español hay mucho cinismo.

-En el periodismo español hay tanto cinismo como en el resto de las profesiones, sí; aunque aquí particularmente es grave.

-¿Y cómo abordamos el problema, Fer?

-Desde la educación.

-Sí, pues no sé cómo podemos educar a todos esos periodistas que no se atreven a morder la mano que les da de comer.

-Vamos a ver, Spice. La honestidad debería aplicarse incluso frente a la mano que te da de comer. Lo que ocurre es que también hay mucha mitología sobre este tema.

-¿Acaso se puede discrepar dentro de un gran medio sin que eso suponga un grave problema?

-Por supuesto. Y con frecuencia, además. Otra cosa diferente es que los intereses de medio y periodista colisionen claramente y de forma constante; ahí la línea es más compleja. Pero cada caso tiene unas características propias y no tiene porqué estar directamente relacionado con la ideología. Te aseguro que he visto choques de esos en medios conservadores y progresistas por igual.

-¿Ves? Eso es lo que me gusta de ti, Fer.

-¿El qué? ¿Mis gafas rojas de pasta? -bromeó.

Reí abiertamente y le di un inocuo codazo al tiempo que chasqueaba la lengua.

-No, tontaina. Tu espíritu crítico. Y me gustan más las negras, que lo sepas.

-Vale, lo tendré en cuenta. -respondió guiñándome un ojo. -Ay, mi querida amiga, es que el hipercriticismo es la esencia misma del periodismo. ¿Y qué es el periodismo sino un servicio a la comunidad?

-¿Te puedo preguntar una cosa?

-Dispara, venga.

-¿Tú qué crees que es más peligroso, un periodista que manipula la información en favor de intereses políticos o corporativos, o un régimen en el que la censura periodística y la propaganda imposibilitan la veracidad de la información?

-Ambas cosas me parecen graves porque suponen un engaño a los ciudadanos. El periodismo es una herramienta fundamental para la democracia porque permite proporcionar datos a los ciudadanos para que ejerzan su legítimo derecho a voto. Cualquier impedimento a ese servicio es peligroso.

-¿Lo ves? No eres un cínico, Fernando. Tú sí que sirves para este oficio. Y ahora, cuéntame. ¿Cómo están el pequeño Fer y la pequeña Mery?

 

Para los que no lo sepáis, Fernando Berlín es un reputado periodista, director de Radiocable.com y presentador del programa matinal de radio La Cafetera. Sin su desinteresada colaboración, este artículo semi-ficticio no habría sido posible.

[Muchísimas gracias por concederme esta entrevista, compañero Berlín. Ha sido un lujo y un honor para mí. Yo también formo parte de la resistencia y no estoy sola].

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20 comentarios de “Una charla con Fernando Berlín

  1. Muy interesante entrevista.

    Has conjugado muy bien el perfil emocional del encuentro, con el calado periodístico. Desconocía y me encanta el término infoxificación. Es un fenómeno a estudiar de la democratización del periodismo, aunque discrepo en la ortodoxia que infundís los periodistas. Sin desmerecer la formación de estos, creo que la habilidad de comunicar es algo implícito en la sociedad y no tanto de un perfil académico, siendo a la postre la faceta más importante en ese ámbito. Es por eso la proliferación del intrusismo, porque esa formación se respira en nuestro entorno…

    Un placer! Nos leemos!!

    • Muchas gracias por tu comentario, Rafa, como siempre cargado de lucidez. ¿porqué discrepas en la ortodoxia del término infoxificación? Es algo muy a la orden del día: el exceso de datos satura, más que informar. Respeto tu opinión en cuanto a la segunda parte de tu análisis, pero no la comparto: Una cosa es ser hábil comunicando, que eso puede serlo cualquiera; otra muy distinta, disponer de las herramientas para trabajar la materia prima con fiabilidad. Para eso se requiere una preparción.

      Un placer tenerte por aquí!

    • Muchas gracias por tu comentario, Rafa, como siempre cargado de lucidez. ¿porqué discrepas en la ortodoxia del término infoxificación? Es algo muy a la orden del día: el exceso de datos satura, más que informar. Respeto tu opinión en cuanto a la segunda parte de tu análisis, pero no la comparto: Una cosa es ser hábil comunicando, que eso puede serlo cualquiera; otra muy distinta, disponer de las herramientas para trabajar la materia prima con fiabilidad. Para eso se requiere una preparación.

      Un placer tenerte por aquí!

  2. Grandes verdades sobre la información y el periodismo en esta gran charla. Mucha información en estos tiempos pero sesgada. Inmediatez pero falta de fondo y contrastación. Se oyen, se ven pero ni se escuchan ni se observan. En definitiva retoques de campanas en la lejanía que se olvidan a los cinco minutos. Felicidades por abrirnos los ojos y las orejas.

    • Gracias por tu comentario, reina. Yo creo que a pesar de las ventajas que la tecnología pone a nuestra disposición para estar informados, lo estamos más, pero no mejor. Yo sólo trato de expresarlo así, como humildemente puedo.

      Un abrazo gigante!

  3. Pingback: Bitacoras.com

  4. Para mi la primera opción es la mas peligrosa, ya que no hay intención por parte del periodista en contar la verdad. Sin embargo en la segunda opción, si el régimen deja de existir en algún momento, se podría contar la verdad.

    • Gracias por pasarte y comentar, Carles. Muy interesante tu punto de vista y muy a tener en cuenta. Quizás el día que alguien derroque la dictadura de Corea del Norte sepamos qué sucede realmente en ese país, por ejemplo.

  5. ¡Fantástica entrevista y artículo!, una realidad expuesta a dos donde lo que prima es el juramento hipocrático de una profesión muy a menudo en tela de juicio. Has conseguido que vuelva a escuchar la radio, jajaja.
    Me ha encantado, ¡palabra de honor!

    • Hola Fernando,

      El encuentro entre Berlín y servidora es ficticio, pero la entrevista sí se la he hecho de verdad. Te recomiendo que escuches su programa porque es un tío muy sensato y con una altura de miras en lo que a la realidad respecta que es de admirar. Como te digo, es uno de mis referentes periodísticos, además de un chaval noble, cercano y humilde.

  6. Ignorando la parte que pertenece a la ficción y la que corresponde a la realidad, felicidades. Me parece un post, una entrevista, esclarecedora, entretenida y muy interesante.

  7. Bonita charla periodística con nuestro gran “reverendo Berlin”, en estos días que corren en nuestro país gente como Fernando Berlin, Ignacio Escolar, Javier Gallego,… son comunicadores imprescindibles y honestos y con una capacidad crítica fantástica.
    Pero que puedo decirte que como tú soy miembro de la Resistencia y no me siento sola junto a Fernando y María día tras día en la Cafetera a la que estoy enganchadísima…
    Has escogido un excelente referente Carmen, no le conozco personalmente pero es un tipo cercano, sencillo, honesto, en el programa nos arropa a todos por igual como una gallina arropando a sus polluelos… Jajajaja me he puesto bizcochona!
    Me gusta el término infoxificación es muy adecuado, cierto que nos comemos muchos titulares y profundizamos poco pero no me dirás que lo de la inmediatez informativa no es fascinante…
    Vive la Résistance!

    • Hola Alicia!! Muchísimas gracias por tu comentario. Yo también pienso que los que has nombrados son algunos de los grandes comunicadores de nuestro tiempo; al menos, a mi juicio los más honestos.La Cafetera es como una gran familia en la que todos tenemos cabida, no importa de dónde vengamos ni cómo pensemos y yo me siento muy arropada precisamente por eso. Es cierto que la inmediatez es fascinante, pero con cuidado para no confundir a los consumidores con falacias.

      No estamos solas Alicia!

  8. No reconozco a ese Berlin del que tu hablas. Quizá es que soy muy duro o que me empeño en buscar tres patas dónde sólo hay dos. Ya no me siento parte de esa resistencia que, a mi modo de ver, en la mayor parte de los casos sólo es peloteo y que los últimos días que he escuchado el programa tiene mucho de “más de los mismo” y poco de la denuncia y objetividad que le veía al programa cuando empecé a escucharlo.
    Quizá es que como no soy periodista, ni pretendo serlo, no entiendo las cosas que se hacen en esa profesión ni las ruedas de molino por las que hay que pasar.
    Pero me alegro de que sigas ilusionada y de que te sientas periodista. Ya sabes que te admiro en los escritos porque lo haces muy bien.
    Salud, Carmen!

    • Hola Cele,

      ya sabes que la admiración es mutua y siempre me va a parecer bien que me hagas una crítica. En este caso, si lees de nuevo, el más optimista es él, el que está más bregado; porque yo, aunque tengo unos cuantos años de experiencia en esto de comunicar a la espalda, sólo soy alguien. Y sin embargo, a pesar de gustarme mi profesión, estoy más desesperanzada que él. Yo a veces discrepo con su tono, no me gusta lo que escoge, o echo en falta cosas que deberían estar en su programa. Eso es sano y normal. Pero sigo insistiendo: Berlín es de los pocos periodistas no cínicos que nos quedan.

      Gracias, como siempre, compi!

  9. Ha sido una entrevista atrevida, profunda y muy amena a la vez. Curiosa manera de cruzar realidad y ficción. Un ejercicio notable por tu parte…



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