29 mar

De mantillas y servicios públicos

El otro día, y al hilo de la pregunta que flotaba en todas las tertulias televisivas de si la misa es o no es un servicio público, se me ocurrió escribir esto en Twitter:

“Si en este país habláramos más de ciencia y menos de fe, tal vez las cosas nos irían mejor”.

Los trolls del puro y la mantilla no tardaron en hacerse oír. Que a la fe se la respeta, repetían como una letanía los más educados. Los menos, de roja de mierda para arriba me pusieron, aunque a una, que ya tiene carrerilla en esto de las redes sociales, se la refanflinfa igual que ciertas cuestiones de estado a algún político de por ahí.

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25 ago

‘No’ es ‘no’

Cuando me enteré de que los presuntos -y digo “presuntos” como una cortesía al derecho penal nada más- violadores de San Fermín habían estado alardeando de su hazaña en un grupito de Whatsapp, no pude reprimir el instinto de opinar en público. Ese instinto, que con el único género que tenía algo que ver era con el humano, nació de mis tripas y brotó con fuerza hacia arriba, en dirección a mi garganta, hasta que salió disparado en forma de bilis. Así que me conecté a Facebook y, con los dedos llenos de rabia, escribí: “¿Y qué, machotes, cuando estéis en la cárcel y un puñado de convictos chungos os pongan en fila y os rompan el culo en seco, también se lo vais a contar a vuestros amiguetes de La Manada?”. Un análisis un pelín primario, ya lo sé. Pero, ¿qué otra cosa, sino escupir mi deseo de que les pagaran con la misma moneda a esos despreciables engendros medievales, podía hacer? Al fin y al cabo, es lo normal en situaciones como esta.

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23 jul

Messi, panem et circenses

Vaya, vaya. Así que la Fiscalía declara a Messi culpable de defraudar más de 4 millones de euros a la Hacienda Pública durante los ejercicios de 2007, 2008 y 2009, y al Barça no se le ocurre  idea más delirante que pedir a la afición que se solidarice con el jugador. Cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo en el país de la picaresca, resulta que el defraudador no sólo se va de rositas con una pena de cárcel de risa y que por supuesto no cumplirá, sino que encima, parece que hay que darle un premio de consolación, al pobrecico.

Claro. Es que es Messi. Y Messi somos todos.

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11 may

Una charla con Fernando Berlín

Al principio me costó reconocerlo. Estaba tan acostumbrada a sus eternas monturas negras de pasta y a ese estilo sobrio de vestir que suele llevar en televisión, que no caí en la cuenta de que era él hasta que un revelador rayo de sol iluminó su espesa cabellera castaña. De forma casi premonitoria, despegó la vista del ejemplar de El País que estaba leyendo, dirigió sus ojos marrones hacia mí y una amplia sonrisa se dibujó en su boca.

-¿Y esas gafas? -pregunté acercándome a él.

-¿No te gustan?

-Mmm… -fruncí los labios calibrando la respuesta- No están mal; el rojo te sienta bien.

-Anda, tardona -dijo con cariño. -Siéntate.

-Lo siento -me excusé-. El tráfico; ya sabes.

Era sábado. Los fines de semana no había programa, y a no ser que alguna bomba informativa de ultimísima hora requiriese de su imperativa presencia en una u otra tertulia televisiva, a Fernando le gustaba coger el Ave de vez en cuando y venirse a pasar la mañana a Barcelona. Solíamos sentarnos en la céntrica y por lo general soleada terraza de la cafetería Sherwood, en Plaza de Sants, desde la que nos entusiasmábamos arreglando el mundo como dos chiquillos llenos de ilusiones.

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27 abr

Follen, amigos, follen

En esto que abro el Facebook y veo que un conocido me ha etiquetado en un vídeo.

En esto que me da por leer el titular, que reza, “Una pareja pillada practicando sexo en el metro de Barcelona” y me pica la curiosidad. Porque reconozcámoslo; es oír la palabra sexo y empezarle a uno a picarle todo.

En esto que le doy al Play, y a pesar de la pésima calidad del vídeo que algún curioso ha tenido a bien hacer con su móvil -por cierto, señor curioso, si me estás leyendo, la próxima vez, el vídeo en horizontal. Gracias-, me encuentro con una pareja que está ahí dándole al bombeo en pleno andén de la estación de Liceo. Sin escrúpulos. Sin vergüenza alguna. Sin que parezcan ser conscientes de que hay docenas de personas observándolos. Haciéndoles fotos. Riéndose, los muy cretinos. Como si el sexo provocase hilaridad. Como si a todos esos meapilas que se sonrojan mientras tuercen una decorosa sonrisa de soslayo no se les hubiera puesto dura al ver la escena. Y encima en directo. Sin tener que pagar un duro por un asiento en primera fila en la sucia cabina de algún Peep Show de barrio. Sin que su mierda de ADSL les joda la última peli porno de Orgasmatrix.com a mitad de la paja.

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