10 ene

No habrá paz para los catalanes

Confieso que ir a votar otra vez me daba bastante palo. Dime ciudadana de segunda, antipatriota o botiflera, pero es que joder, a este paso el clásico iba camino de dejar de ser el Barça-Madrid para convertirse en las elecciones catalanas.

Lo que ocurre es que la última intentona para desatascar el procés me convence menos que un teleoperador de Jazztel, básicamente porque todo lo que hace el señor Mas, conocido como Ártur allende la meseta, me huele a estratagema, a conspiración judeo-masónica, a trampas al solitario, a podrido. Como si cada puntada que diera el president –no sé si tan honorable como su mentor, habría que preguntar en Andorra- hubiera sido previamente hilvanada con un hilo cuatribarrado, para que, en caso de no acierto,  esa catalanidad irredenta que le ha obsequiado amores y odios a partes iguales lo mantenga indemne. Y así, haga lo que haga el enfant terrible de las Convergencias, parece que siempre sale airoso.

Ahora resulta que Ártur se nos va. Pero no lo hace porque sus encuentros y desencuentros con la CUP lo hayan sometido a un irreversible desgaste político, o porque la aplastante victoria de Podemos en Catalunya el 20-D le haya arrebatado el título de adalid de la causa para entregárselo a traición a la Colau. No seáis malpensados. Ártur se va para salvar a Catalunya de la debacle a la que antisistemas y españolistas por igual acabarán abocándola, si vienen mal dadas. Y después de tan encomiable sacrificio, la historia lo recordará, sin duda, como el más grande y digno mártir del nacionalismo catalán, y lo rescatará de la pira para ascenderlo a los cielos envuelto en una gloriosa estelada. Eso sí, mientras tanto, se ha permitido el lujo de corregir a las urnas designando a dedito a un sucesor que esté a la altura, y de paso, a su disposición, con un apellido tan català que en la Meseta ya se están tirando de los pelos porque no atinan a pronunciarlo -Puigdemor? Lordvoldemor? Candemorrr?-.

Convergència or die!, les gritó ayer Ártur a los independentistas en su travesía hacia Ítaca. Algunos se aferraron al bote salvavidas sin pensárselo dos veces; otros tardaron demasiado en decidirse y se acabaron ahogando. Así que fin del sainete y vuelta a empezar, con la única certeza, ahora sí, de que no habrá referéndum, ni desconexión, ni paz para los catalanes mientras Ártur sea el capitán del barco.

 

 

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Comentarios de “No habrá paz para los catalanes

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