15 ene

De corbatas y rastas

Uno que se dedique a leer sólo los titulares, podría pensar al echar mano de la prensa que algo muy gordo ha tenido que haber pasado en el Congreso para que políticos y tertulianos echen humo a partes iguales. Un golpe de estado, como mínimo. Pero si, movido por la curiosidad, se hubiera acabado metiendo de lleno en la lectura de crónicas y columnas, no me quiero ni imaginar la decepción tan grande que se iba a llevar al enterarse de los motivos de tamaña indignación. Ah, ¿que la cosa iba de rastas?, se podría haber preguntado ojiplático.

Como un tiro le ha sentado al ala dura de la política, y por extensión a sus adláteres de la pluma y el micrófono, que no se respeten las formas. O más bien, lo que ellos, representantes excelsos del maniqueísmo patrio, ese del “vestirse, peinarse, comportarse como Dios manda o ser un subversivo de baja estofa”, entienden por formas. ¿Qué entiende Celia Villalobos por formas cuando insinúa que un diputado tiene piojos por llevar rastas? Quizás a ella, que está tan acostumbrada a otro tipo de parásitos, lo que menos le preocupa en realidad sea la forma y mucho el fondo.

¿Y Pilar Cernuda o Salvador Sostres? ¿Qué entienden por formas estos dos zotes que tienen la cara dura de llamarse a sí mismos periodistas? La una quejándose de que ser progre no es incompatible con el baño y que el Congreso “olía mal“. Ah, el Congreso. Ese sancta sanctorum de limpieza y honradez, de seriedad y de trabajo duro por y para el pueblo, donde nunca se vio jurar el acta a un parlamentario imputado, ni se escuchó a una diputada venirse arriba con un ¡Que se jodan! (los parados), o a una vicepresidenta jugar al Candy Crush, Frozen Crush o al Manolo-no-eres-más-tonto-porque -no-te-entrenas-Crush. Y el otro, asegurando que no es una cuestión ideológica, sino de higiene. Eso después de haber soltado,  con la boca bien grande, que “a estos chicos de Podemos les faltó una hostia a tiempo” y si no hubieran tenido unos papás modernos que en vez de ser padres se han creído sus amigos, probablemente se comportarían y vestirían de manera diferente. Pero, eh, no es una cuestión ideológica.

Pues hombre, ya que lo menciona el señor Sostres, habría que ver si los papás de algunos de estos que hoy ponen el grito en el cielo les enseñaron que no hay que rascar donde no se debe, no vaya a resultar que los perroflautas con rastas, ese pandemónium que ha venido a degradar a la alta política a la categoría de asamblea, tengan las uñas más limpias y más cortas que los señoritos de colegio privado, gomina y corbata.

 

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2 comentarios de “De corbatas y rastas

  1. No voy a extenderme mucho. Me quedo con la cara de SORPRESA de Posadas, el vejestorio ése de la derecha y ya licenciado Presidente del Congreso, al ver entrar en el Hemiciclo al rasta canario de Podemos… Debió pensar: Si Franco levantara la cabeza, otro gallo cantaría…
    Muerte al PP y a todos sus miembros…

  2. La cara de Posadas no es más que una muestra del malestar generalizado entre la clase política conservadora, que lleva años enquistada en el poder y que teme que la gente común entre al Congreso para devolverle la política al pueblo.



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