04 sep

Periodismo vertedero

Un periodista tiene -o tendría- la obligación moral de observar la realidad e interpretarla sin sesgos de ninguna clase. No digo de forma objetiva, porque eso es imposible. Pero la información hay -o habría- que pasarla por el tamiz para limpiarla de toda influencia ideológica antes de contarla. En este sentido, un periodista constituye un actor social de una responsabilidad mayúscula, porque en su trabajo subyace -o debería subyacer- una importante labor pedagógica. Un periodista construye los mensajes colectivos y por eso, debe -o debería- estar siempre por encima del imaginario común. Por encima de la mediocridad y la ignorancia. Pero la realidad es otra, por desgracia. Y es muy irresponsable ensuciar la profesión con rumores, mitomanías, juicios de valor infundados y soflamas populistas que buscan descaradamente incendiar los ánimos e inocular el virus del miedo. No entiendo por qué cada vez que nos golpea una tragedia sale a relucir el auténtico vertedero en el que se ha convertido el periodismo.

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18 ago

Barcelona bonita y poderosa

Anoche no pude dormir.
Tenía mucho frío.
Frío del que te cala los huesos y no se puede aplacar con calor.
Porque es frío de agosto.
Del 17 de agosto.
Y es frío de tristeza.
Porque nos han hecho daño.
Nos han golpeado en el corazón.
En donde más nos duele.
En nuestra casa.
En nuestra Barcelona bonita y poderosa.
Maldita sea, podría haber sido yo.
Yo podría haber decidido salir a pasear por Las Ramblas ayer.
O tú.
O él.
Y quizás habría sido el último día de nuestra vida.
Porque frente al horror todos somos igual de vulnerables.
La seguridad total no existe.
Cualquiera es el blanco perfecto del fanatismo.
Y contra eso, no hay banderas ni idiomas que valgan.
Y el horror se llora lo mismo en todas partes.
No se discute.
Porque no es más ni es menos que.
Pero hoy.
Hoy.
Hoy hay que levantarse.
Recomponer los trocitos de la ciudad bonita y poderosa.
Por los que fueron.
Por los que podríamos/podrían haber sido.
Y seguir adelante.
Con el corazón roto, sí.
Pero sin miedo.
Sin miedo.

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11 ago

Juana. Y todas las demás

Que una mujer llegue borracha a su casa de madrugada tras haberse corrido una fiesta de campeonato -o dos, o tres- no legitima el maltrato.

No legitima los golpes ni los insultos.

No la convierte en víctima potencial.

Ni en culpable de nada.

No debería.

Porque una mujer es libre de hacer con su vida lo que le dé la gana.

Debería poder serlo.

Poder ponerse la falda más corta.

O no ponerse nada.

Y que no la señalaran.

Puta. Si es que vas provocando.

Porque una mujer no es de nadie, salvo de sí misma.

No es de su maltratador.

Aunque se aferre a él.

Qué sabe nadie por qué lo hace.

Quién se cree que es nadie para juzgar por qué lo hace.

Que un hombre maltrate a su mujer debería bastarle a esta justicia secuestrada para entender que ese monstruo no puede ser un buen padre.

No. Jamás.

Qué no harías tú para proteger a tus hijos?

Que exista Juana debería darnos miedo.

Juana y todas las demás.

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01 ago

Agosto

Antes me gustaba agosto.

Antes, cuando el horizonte estaba lleno de posibilidades.

Y las noches eran cortas pero eran largas.

Y el whisky se bebía sin hielo.

Sin miedo.

Ahora que muchas certezas han caducado, agosto ya no es agosto, sino una transición.

Una mera cortina de humo.

Un pasatiempo.

La letra de un tango intenso y fugaz que dice que es un soplo la vida.

Y que veinte años no es nada.

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23 jul

La otra Barcelona

Me gusta la otra Barcelona.
La que suena como sonaban antes las ciudades.
A barrio.
Con el afilador.
Y el griterío del gitano que vende melones en un camión.
Con las risas de los chiquillos que juegan con sus pistolas de agua en la calle.
Y las cigarras de día.
Y los grillos de noche.
La Barcelona con acento en la e de extrarradio.
Que late rápido y late lento.
La siempre nostálgica.
La siempre rumbera.
La que no sale en Lonely Planet.
Esa es la otra Barcelona.
Mi Barcelona.
La que me gusta.

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