22 ene

Bullying: la semilla del diablo

El otro día, un amigo mío comentó que hoy los niños están sobreprotegidos. Que los padres tienen demasiado miedo a fallarles y que por ese motivo, se obsesionan con estar presentes en cada momento de sus vidas. Se nota que mi amigo no es padre, y aunque su argumento no es del todo insensato, yo no puedo estar de acuerdo. Ser padre no es un trabajo por turnos. En el oficio de la paternidad no hay vacaciones, excedencias ni despidos, y el que se embarque en esta complicada tarea tiene la obligación de ser y estar los 365 días del año, a todas horas, en todo momento.

Ser padre significa muchas cosas, pero sobre todo una: Educar.

Siempre.

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23 dic

El día que supe que iba a ser madre

Hace unos meses, ni siquiera quería oír hablar del tema. Cada vez que alguien me preguntaba acerca de mis planes de ser madre, me ponía tensa. Todavía soy muy joven o hay muchos países a los que aún tengo que viajar solían ser mis respuestas comodín. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, sacaba las garras y soltaba un bufido que dejaba al interlocutor del color de la nieve. Pero es normal; supongo que me sentía presionada y, sobre todo, aterrada por la responsabilidad que implica traer un hijo al mundo.

Aunque entonces, yo no lo sabía.

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25 nov

Tengo hambre

Anoche soñé con canelones.

Una enorme bandeja de canelones cubiertos de bechamel caliente y queso rallado.

Yo no acostumbro a comer carne. Lo más parecido a la carne que cocina mi madre son las salchichas de Frankfurt cocidas que le echa a los macarrones. A veces, también nos hace un huevo frito. Ella dice que eso depende de si mi hermana pequeña y yo nos portamos bien, pero yo creo que en realidad depende de si en casa hay aceite, que suele ser casi nunca.

Hoy no hemos ido a clase y el director del colegio ha llamado a mi madre al móvil. Ella no lo sabe, pero he pegado la oreja a la pared de mi habitación y he escuchado lo que le decía. Que no podía llevarnos otra vez al colegio sin desayunar, que no podía consentir que mi hermana pequeña se volviera a desmayar. Después se ha puesto a llorar. Ha dicho que tenía dos niños pequeños y que nadie la estaba ayudando. Y también ha dicho “Por el amor de Dios”. Cuando dice eso, es que la cosa es seria.

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21 oct

Invisibles: Amina (Parte Dos)

527 días.

Es el tiempo que Amina pasó retenida contra su voluntad en los bosques de Sambissa, al nordeste de Nigeria.

Pero no estaba sola. Junto a Amina, había muchas más chicas.

La pesadilla había comenzado algo más de un año antes, la noche de un fatídico 14 de abril, cuando un grupo de hombres con el rostro cubierto irrumpió a punta de metralleta en el colegio femenino de Chibok en el que estudiaba Amina. Primero, masacraron a los guardias de seguridad. Después, se colaron en los dormitorios de las chicas y las cargaron por la fuerza en camiones que las llevarían a un destino incierto, en algún lugar de la selva. En ese momento, en la escuela había cerca de 300 chicas de varias aldeas cercanas.

Todas fueron secuestradas.

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14 oct

Invisibles: Aisha (Parte Uno)

Aisha tiene 8 años y vive con su padre y sus dos hermanos mayores en la pequeña aldea rural de Jaryi, en el interior del Yemen. Todas las mañanas, Aisha se despierta nada más arrancar el alba y ordeña la vaca de su padre. Después, hierve la leche y la vierte en cuatro cuencos de madera, mezclándola con unos pocos trozos de pan duro del día anterior. A Aisha no le está permitido comer en la misma habitación que los hombres, y aunque le entristece tener que hacerlo sola, en el fondo se siente agradecida por tener una familia que la protege y vela por ella.

Como tantas mujeres yemeníes, su madre murió en el parto, a los 21 años de edad. A pesar de no haberla conocido, Aisha sabe que era muy hermosa, porque conserva una vieja foto de ella que besa todas las noches antes de irse a dormir. Aisha está convencida de que su madre la protege, allí donde esté.

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