02 feb

Samanta Villar y la nueva moda de las “malas madres”

Nunca me ha gustado su estilo de contar las cosas. Para mí, lo que hace Samanta Villar se resume básicamente en un concepto que me he sacado de la manga para la ocasión: antiperiodismo irresponsable. Y aunque me encantaría detenerme a destripar todos los insustanciales 21 días con los que ha banalizado aún más la parrilla televisiva en los últimos años -no se me quita de la cabeza ese programa en el que jugó a ser anoréxica para demostrar no sé qué, la muy inconsciente-, me voy a centrar en sus recientes y controvertidas declaraciones acerca de la maternidad.

Os pondré en antecedentes. Resulta que a Samanta Villar, cuyo leit motiv es aquello de que “no es lo mismo contarlo que vivirlo”, se le ocurrió relatar en primera persona los nueve meses de su embarazo gemelar, parto incluido. Un embarazo que, como ella misma reconoce, tuvo lugar finalmente gracias a la donación de óvulos, luego de 4 años intentándolo sin éxito. Hasta aquí, todo más o menos correcto. Lo que ocurre es que la susodicha aprovechó la experiencia para escribir un libro -y me aventuro a imaginar el suculento anticipo que habrá recibido por él- con el que pretende, según dice, desmontar el mito de la maternidad idílica. Y claro, algunas de sus afirmaciones no están exentas de polémica, precisamente. “Un bebé destruye tu vida”, “Tuve hijos porque me dijeron que era todo maravilloso”, o “Tomé una decisión engañada” son una muestra de los titulares que acompañan a la promoción de su Madre hay más que una

Y yo me pregunto: ¿Pero en qué mundo vivías tú antes de parir, alma de cántaro?

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22 ene

Bullying: la semilla del diablo

El otro día, un amigo mío comentó que hoy los niños están sobreprotegidos. Que los padres tienen demasiado miedo a fallarles y que por ese motivo, se obsesionan con estar presentes en cada momento de sus vidas. Se nota que mi amigo no es padre, y aunque su argumento no es del todo insensato, yo no puedo estar de acuerdo. Ser padre no es un trabajo por turnos. En el oficio de la paternidad no hay vacaciones, excedencias ni despidos, y el que se embarque en esta complicada tarea tiene la obligación de ser y estar los 365 días del año, a todas horas, en todo momento.

Ser padre significa muchas cosas, pero sobre todo una: Educar.

Siempre.

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23 dic

El día que supe que iba a ser madre

Hace unos meses, ni siquiera quería oír hablar del tema. Cada vez que alguien me preguntaba acerca de mis planes de ser madre, me ponía tensa. Todavía soy muy joven o hay muchos países a los que aún tengo que viajar solían ser mis respuestas comodín. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, sacaba las garras y soltaba un bufido que dejaba al interlocutor del color de la nieve. Pero es normal; supongo que me sentía presionada y, sobre todo, aterrada por la responsabilidad que implica traer un hijo al mundo.

Aunque entonces, yo no lo sabía.

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25 nov

Tengo hambre

Anoche soñé con canelones.

Una enorme bandeja de canelones cubiertos de bechamel caliente y queso rallado.

Yo no acostumbro a comer carne. Lo más parecido a la carne que cocina mi madre son las salchichas de Frankfurt cocidas que le echa a los macarrones. A veces, también nos hace un huevo frito. Ella dice que eso depende de si mi hermana pequeña y yo nos portamos bien, pero yo creo que en realidad depende de si en casa hay aceite, que suele ser casi nunca.

Hoy no hemos ido a clase y el director del colegio ha llamado a mi madre al móvil. Ella no lo sabe, pero he pegado la oreja a la pared de mi habitación y he escuchado lo que le decía. Que no podía llevarnos otra vez al colegio sin desayunar, que no podía consentir que mi hermana pequeña se volviera a desmayar. Después se ha puesto a llorar. Ha dicho que tenía dos niños pequeños y que nadie la estaba ayudando. Y también ha dicho “Por el amor de Dios”. Cuando dice eso, es que la cosa es seria.

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21 oct

Invisibles: Amina (Parte Dos)

527 días.

Es el tiempo que Amina pasó retenida contra su voluntad en los bosques de Sambissa, al nordeste de Nigeria.

Pero no estaba sola. Junto a Amina, había muchas más chicas.

La pesadilla había comenzado algo más de un año antes, la noche de un fatídico 14 de abril, cuando un grupo de hombres con el rostro cubierto irrumpió a punta de metralleta en el colegio femenino de Chibok en el que estudiaba Amina. Primero, masacraron a los guardias de seguridad. Después, se colaron en los dormitorios de las chicas y las cargaron por la fuerza en camiones que las llevarían a un destino incierto, en algún lugar de la selva. En ese momento, en la escuela había cerca de 300 chicas de varias aldeas cercanas.

Todas fueron secuestradas.

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