04 sep

Periodismo vertedero

Un periodista tiene -o tendría- la obligación moral de observar la realidad e interpretarla sin sesgos de ninguna clase. No digo de forma objetiva, porque eso es imposible. Pero la información hay -o habría- que pasarla por el tamiz para limpiarla de toda influencia ideológica antes de contarla. En este sentido, un periodista constituye un actor social de una responsabilidad mayúscula, porque en su trabajo subyace -o debería subyacer- una importante labor pedagógica. Un periodista construye los mensajes colectivos y por eso, debe -o debería- estar siempre por encima del imaginario común. Por encima de la mediocridad y la ignorancia. Pero la realidad es otra, por desgracia. Y es muy irresponsable ensuciar la profesión con rumores, mitomanías, juicios de valor infundados y soflamas populistas que buscan descaradamente incendiar los ánimos e inocular el virus del miedo. No entiendo por qué cada vez que nos golpea una tragedia sale a relucir el auténtico vertedero en el que se ha convertido el periodismo.

11 may

Una charla con Fernando Berlín

Al principio me costó reconocerlo. Estaba tan acostumbrada a sus eternas monturas negras de pasta y a ese estilo sobrio de vestir que suele llevar en televisión, que no caí en la cuenta de que era él hasta que un revelador rayo de sol iluminó su espesa cabellera castaña. De forma casi premonitoria, despegó la vista del ejemplar de El País que estaba leyendo, dirigió sus ojos marrones hacia mí y una amplia sonrisa se dibujó en su boca.

-¿Y esas gafas? -pregunté acercándome a él.

-¿No te gustan?

-Mmm… -fruncí los labios calibrando la respuesta- No están mal; el rojo te sienta bien.

-Anda, tardona -dijo con cariño. -Siéntate.

-Lo siento -me excusé-. El tráfico; ya sabes.

Era sábado. Los fines de semana no había programa, y a no ser que alguna bomba informativa de ultimísima hora requiriese de su imperativa presencia en una u otra tertulia televisiva, a Fernando le gustaba coger el Ave de vez en cuando y venirse a pasar la mañana a Barcelona. Solíamos sentarnos en la céntrica y por lo general soleada terraza de la cafetería Sherwood, en Plaza de Sants, desde la que nos entusiasmábamos arreglando el mundo como dos chiquillos llenos de ilusiones.

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27 abr

Follen, amigos, follen

En esto que abro el Facebook y veo que un conocido me ha etiquetado en un vídeo.

En esto que me da por leer el titular, que reza, “Una pareja pillada practicando sexo en el metro de Barcelona” y me pica la curiosidad. Porque reconozcámoslo; es oír la palabra sexo y empezarle a uno a picarle todo.

En esto que le doy al Play, y a pesar de la pésima calidad del vídeo que algún curioso ha tenido a bien hacer con su móvil -por cierto, señor curioso, si me estás leyendo, la próxima vez, el vídeo en horizontal. Gracias-, me encuentro con una pareja que está ahí dándole al bombeo en pleno andén de la estación de Liceo. Sin escrúpulos. Sin vergüenza alguna. Sin que parezcan ser conscientes de que hay docenas de personas observándolos. Haciéndoles fotos. Riéndose, los muy cretinos. Como si el sexo provocase hilaridad. Como si a todos esos meapilas que se sonrojan mientras tuercen una decorosa sonrisa de soslayo no se les hubiera puesto dura al ver la escena. Y encima en directo. Sin tener que pagar un duro por un asiento en primera fila en la sucia cabina de algún Peep Show de barrio. Sin que su mierda de ADSL les joda la última peli porno de Orgasmatrix.com a mitad de la paja.

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11 mar

Lecciones básicas de periodismo

A ver, chavalería. El periodismo no funciona así. Uno no se despierta de repente un día con un sobre anónimo bajo su puerta lleno de fotos comprometidas y una notita hecha de patchwork que diga “¿A que no hay güebos de publicarlo?”. Eso queda cojonudo en las pelis americanas candidatas a no sé cuántos Oscars, pero la realidad es que la mayoría de las noticias que copan las portadas de nuestros periódicos tardan en gestarse lo mismo que un codillo al horno.

Pero imaginémonos por un momento que sí. Pongamos, por decir algo, que a un periodista x, algún Garganta Profunda x le soplara algo así como, no sé, me lo invento, que los reyes son amiguitos de uno de los mayores beneficiarios de las tarjetas Black. Por poner un ejemplo.

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