19 Nov

Los malotes de novela

Los malotes.
Los gamberros.
Los tíos de alma atormentada que huelen a peligro a un kilómetro de distancia.
Los empotradores que tienen el súperpoder de hacer que se te caigan las bragas sólo con mirarte.
Los que te dicen “nena” con la voz ronca.
Eso está muy bien en la ficción, pero en la vida real lo que nos gusta a las mujeres son los hombres sencillos.
Accesibles.
La buena gente.
Sin poses ni pasados oscuros.
Que entenderlos no sea más complicado que completar el puto cubo de Rubik, por favor.
Que no haya que jugar a las adivinanzas.
¿Por qué no me contestas el puto mensaje si te has conectado a WhatsApp hace un minuto?
Ni a deshojar la margarita, que ya estamos todos creciditos, gracias.
Queremos versiones masculinas de nosotras mismas.
Hombres con capacidad de comprensión.
Con sentido del humor.
Buena conversación.
Tolerancia.
Civismo y educación.
Con las cosas claras.
Que actúen en consecuencia.
Capaces de darte mandanga de la buena y llorar al mismo tiempo.
O ¿qué pasa? ¿Que los héroes no lloran?
Que disfruten con las cosas pequeñas.
Que sueñen con las grandes.
Que compartan.
Que se abran y te abran.
Hombres normales.
Porque normalidad es igual a follabilidad.
Aquí y en la República China Popular.
Con tantos defectos como nosotras.
Porque de la perfección hay que desconfiar.
Y lo de la voz ronca, hacednos caso, nos la trae al pairo.

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2 comentarios de “Los malotes de novela

  1. En mi opinión, lo que planteas es una quimera; no sé si tuya personal o del género femenino en general, ya que te abanderas en él decidiendo cuál es el tipo o, mejor dicho, prototipo de hombre que les gusta a todas las mujeres. Y dices que los malotes están muy bien en la ficción, en la realidad queremos hombres sencillos, dulces, etc. Estoy de acuerdo contigo en que todo debe ser mejor y menos calamitoso, tortuoso y complicado con hombres buenos, pero la ficción es una extensión de la realidad y, encima, una extensión que mola, una extensión que nos hace olvidar una realidad en la que todo está previsto, preconcebido y aprobado y en la que nos manipulan con conductas, doctrinas y tendencias. Soy de los que piensa que vivir abrazado a la ficción te permite no sólo combatir contra una realidad que te disgusta, sino enfrentarla con la careta que quieras, la que tú mismo/a decidas. Pero, no nos engañemos: Los malotes deben existir, son necesarios para que los/las buenos/as puedan señalarlos con el dedo y decirle en voz baja a su grupo de gente buena, ahí está el malo, eso sí, sin dejar de pensar en cuánto les gustaría ser como el malo, aunque no puedan serlo y cuánto les gustaría hacer lo que el malo, aunque no se atrevan a hacerlo.

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