29 feb

24 horas de pequeños placeres sensoriales

Desperezarse en la cama como un gato. La primera meada del día. La primera gota de agua fría que cae sobre tu espalda. La primera gota de agua caliente. Destapar el bote de champú y teletransportarte a la Provenza. Las toallas mullidas que te acarician la piel. El aroma del café recién hecho. El pan tostado crujiendo bajo tus dientes. El frescor de la pasta de dientes desparramándose en tu boca. Destapar el bote de colonia y pensar en Proust. El sutil sonido del pañuelo de seda cuando se desliza sobre tu cuello. Apretarte la coleta. La primera bofetada de aire en la cara. El calor del sol en las mejillas. Adormecerse con el traqueteo del metro. Despertarse con el sonido de una risa. El sonido de la página siguiente de tu libro. El olor a periódico del periódico de alguien cualquiera. Los pequeños enamoramientos del metro. Que te rocen la mano y te estremezcas. Rascarte la mano. Rascarte el tobillo. Escuchar una canción y pensar en Proust. Escuchar otra canción y sonreír al pensar en el día que tienes por delante. Que alguien te sonría a ti. El tic-tac de las agujas del reloj. El primer bocado del bocata de las once. El primer sorbo del café de las once y diez. Agitar el sobre de azúcar y conseguir hacer música. El silencio. Pronunciar palabras como “estupefacción”, “Querétaro”, “sonámbulo” o “melifluo”. Que te hagan cosquillas en el cuello. Dibujar círculos con los hombros hacia delante y hacia detrás. Morder un lápiz. Otra bofetada de aire en tu cara. Que la brisa fresca de la tarde te erice la piel. Las meriendas de partir chocolate con los dedos. Y luego fundirlo con la lengua. El ruido del envoltorio del chocolate cuando lo arrugas.  El perfume penetrante de alguien que te cruzas por la calle. El cosquilleo en tu vientre cuando piensas en sexo.  Desabrocharte el primer botón del pantalón. El olor a madera del incienso en clase de yoga. Ver el mundo al revés en Ado Mukha Svanasana. Olvidarte del mundo en Savasana. Seguir la trayectoria de una gota de sudor con la yema del dedo. Que te abracen tan fuerte que te crujan todos los huesos. Sacarte los zapatos y apretarte las plantas de los pies con los dedos. El borboteo de una olla hirviendo. El crepitar del fuego. Que una película te haga llorar. El color rubí del vino. El sabor rubí del vino. El sabor del sexo oral. El sabor salado de un beso después del sexo oral. Que te susurren cosas sucias al oído. Y luego, bonitas. Que te muerdan el lóbulo. Que te duela un orgasmo. Cerrar las piernas después de un orgasmo. Mear después de un orgasmo. Sentir la piel de la cara limpia cuando te quitas el maquillaje. El sonido de un beso de buenas noches. La calidez que emana de la mano que se posa sobre tu vientre. La respiración acompasada que te vuela un mechón del pelo. Cerrar los ojos. El silencio. Flotar en mundos paralelos.

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15 comentarios de “24 horas de pequeños placeres sensoriales

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. hoy, me has asustado…
    Porque los penmsamientos íntimos de cada uno nunca sabes dónde van a ir a parar.

    Salud y narrativa de la buena.
    Como siempre, bueno, muy bueno

  3. Nuestra vida está llena de estos pequeñas cosas pero la monotonía de nuestro día a día no nos deja apreciarlas a pesar de repetirlas una y otra vez. Afortunadamente siempre hay algo o alguien en algún momento que te ayuda a hacerlo….
    Me gustó mucho la lectura

    • Muchas gracias por pasarte y comentar, Alfredo. Me alegro mucho de que hayas disfrutado de la lectura y que haya servido para que agudices los sentidos, por lo menos durante un ratito.

      Espero volver a verte por aquí.

  4. Un día que recoge todo lo que una vida, a veces, es incapaz de juntar.
    Vamos a través del tiempo mirándonos en espejos con rostro de otros…
    Vamos persiguiendo lo que tal vez nos gustaría porque ya lo hemos idealizado.
    Es tan difícil hacer de cada día sea un día único…
    Quizá el secreto esté en hacerlo como si fuese nuestro último día.

  5. Sensaciones matinales muy lindas…

    -Al alba, solía gustarme el sexo oral,
    pero aunque ya no lo lo practico,
    pues con el paso de los años, devengo subnormal.
    devengo mucho menos rico,
    jamás podré olvidar
    como me hacía sentir vivo…



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