16 May

Pseudofeminismo

Hace algunos años, cuando todavía ejercía la maravillosa profesión periodística (nótese la ironía), me invitaron a asistir, en calidad de cronista, a una reunión privada con lo más granado del género femenino catalán. Políticas, filósofas, médicas, escritoras, pensadoras… Mujeres de su tiempo e independientes, auténticos referentes a los que admirar. El objetivo de esta congregación secreta de inspiración masónica no era otro que poner sobre la mesa una suerte de estado de la cuestión feminista. Leía yo por aquella época a Simone de Beauvoir y coqueteaba con el concepto del empoderamiento femenino -acaso sin llegar a entenderlo aún del todo, pues era muy joven-, así que acepté encantada la invitación. Recuerdo que pensé que la experiencia me ayudaría en la construcción de ese nuevo yo feminista que comenzaba a despuntar. Pues bien. Cuando llegué a la cita, que tuvo lugar en la sala privada de un conocido restaurante de postín, lo que me encontré distaba años luz de lo que habría cabido esperar. En lugar de las libre pensadoras modernas, solidarias y dispuestas a cambiar el mundo que me había imaginado, lo que había allí era un grupúsculo de señoronas elitistas y ricachonas, envueltas en una asfixiante toga de Opium y laca, que miraban en derredor con párpados pesados y movían las manos con gestos desdeñosos, preocupadas únicamente porque el perchero que había para dejar los abrigos era demasiado corto y, en consecuencia, sus visones tocarían el suelo. Se nota que este perchero lo ha diseñado un hombre, dijo una, juraría que la líder, perdón, la lideresa masona. Sí, dijeron las otras al unísono, este perchero es eminentemente machista.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies