16 mar

Carpe Diem

El mundo no necesita más malas noticias.
Ni más periódicos.
Ni más análisis.
Ni conjeturas.
Especulaciones.
Futuribles.
Días de mañana.
El mundo necesita más días de hoy.
Más ahora.
Más momentos.
De esos cortos pero que parece que duran una vida.
No necesita más zonas cero el mundo.
Necesita más aquí.
Más contigo.
Más con todos.
Con todas.
Más Carpe Diem y menos ansiolíticos.
Necesita más versos.
Más poesía.
Poesía, qué diablos!
Más música y menos ruido.
Más hombres que lloren.
Más mujeres que rían.
Más niños que sigan siendo niños.
Y más piel.
Más abrazos.
Más besos.
Más orgasmos.
Más dedos en busca de esos orgasmos.
Sin pudor.
Ni tantas normas.
O códigos.
Y las etiquetas, sólo en la ropa.
El mundo necesita que le hagamos el humor.
Y el amor.
Más te quiero y menos silencio.
Necesita que apartemos la vista del teléfono y miremos en otra dirección.
Necesita menos máquinas.
Más almas.
Menos burbujas de plástico.
Y más lluvia.
Y más sol.
Y aire.
Frío o calor.
Menos centros comerciales.
Más cerezos en flor.

07 mar

Un hombre feminista

Tengo la suerte de convivir con un hombre feminista.
Un hombre al que nunca se le ocurriría preguntarme una chorrada del tipo “Qué te pasa, que tienes la regla?”.
Ni ensañarse con un “Mujer tenías que ser” si me equivoco.
Ni decir que tal o cual es una zorra porque disfruta del sexo sin complejos.
Ni cuestionar qué hay detrás del éxito de una mujer.
El hombre con el que vivo a veces se avergüenza de ser hombre.
Cuando ve que hay otros capaces de matar.
Violar.
Humillar.
Golpear.
Amparados en el rol de superioridad que la sociedad les ha otorgado.
Entonces me pide perdón en nombre de su género.
A mí y a todas las mujeres.
Y en ocasiones también me pide que lo corrija.
Aunque a mí también me cuesta.
Así de enraizado a nuestra cultura está el machismo.
Digan lo que digan los negacionistas.
Él nunca habla de denuncias falsas.
Ni de eso que muchos llaman “la otra violencia”.
Para él, los datos son lo suficiente esclarecedores.
Es terrorismo.
Punto.
No es necesario defenderse.
Hay que actuar.
Tampoco le gusta oír eso de “Claro, si es que vas provocando”.
Eso le repele.
Porque con ese argumento se da por sentado que
Uno) todas las mujeres esperan/desean que las agredan
Y
Dos) todos los hombres son agresores en potencia
Al hombre con el que convivo la paternidad lo ha hecho aún más feminista.
Y por eso, le habría gustado disfrutar de la misma baja laboral que yo.
Para criar a su hijo.
Porque eso no es cosa solo de mujeres.
Y que los cambiadores para bebés no estuvieran siempre en los baños públicos femeninos.
Y que nunca nadie le hubiera preguntado que si ayuda en casa.
Como si él simplemente pasara por aquí.
Y mucho menos, que al nacer su hijo, el/la machista de turno le hubiera dicho que había perdido su puesto.
Qué somos los hombres?
Niños pequeños que necesitamos atención las 24 horas?
Por todas estas cosas.
Y muchas otras que no me caben.
Y porque el feminismo suma.
Sí, suma.
El hombre con el que convivo me apoya para que el 8 de marzo.
Yo también me una a la lucha.
Y para que ese día.
Tú.
Ella.
Y todas nosotras.
PAREMOS.

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