17 jun

Una puta. Segunda parte

-дерьмо!* ¡Por tu culpa, se ha estropeado maquillaje! –exclamó enfurecida.

Se dio la vuelta, y con las manos torpes de nerviosismo, rebuscó con ímpetu entre los cajones del cuarto de baño. Cuando dio con el paquete de discos de algodón, lo rasgó con tanta fuerza que un buen puñado de ellos acabaron desparramados por el suelo.

-Lo siento -musité agachándome a recogerlos de inmediato-. De verdad que lo siento. Siento que tengas que volver a empezar -añadí al incorporarme, acercándome a ella con los discos en las manos.

Ella me miró y pude advertir que sus ojos habían cambiado de repente, como si una especie de telón de acero mate hubiese cubierto el brillo húmedo que las lágrimas habían dejado tras de sí. Tenía otra vez esa mirada vacía con la que me había abierto la puerta de su casa.

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10 jun

Una puta. Primera parte

Tendrás que haser rápido. Acaban de llamar de agensia para servisio en una hora más menos -dijo con un fuerte acento de algún país de Europa del Este, cuando me abrió la puerta.

La seguí hacia el interior de su lujoso apartamento en una zona bien de Barcelona que no desvelaré para proteger su intimidad. Como tampoco desvelaré su nombre. Ekaterina, Irina, Anya, Natasha… Qué más da.

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03 jun

Cómo hombre blanco mira tierra negra

Hace un tiempo leí en una página cualquiera de un medio cualquiera, que un grupo de autoridades de diferentes nacionalidades había tenido la genial idea de darse un banquete con comida caducada en Kenia, en el marco de alguna cumbre institucional que no viene al caso, como forma de protesta por las toneladas de alimentos que se desperdician a diario en el Primer Mundo, mientras el Tercero, dicho sea de paso, se muere de hambre. La reivindicación me pareció cuanto menos ridícula, por no decir hipócrita y hasta inmoral. Teniendo en cuenta que más del 20% de la población keniata se encuentra en condiciones de malnutrición severa, si alguien quería darle una lección a Occidente, por una vez, los fieles adeptos al protocolo y a la corbata podrían haber dejado la foto para luego, y haberse remangado para que los 3 millones de personas que en ese país no pueden satisfacer ni una cuarta parte de las necesidades nutricionales diarias recomendadas por la FAO, tuvieran algo que llevarse a la boca.

Aunque fuese comida caducada.

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