15 ene

De corbatas y rastas

Uno que se dedique a leer sólo los titulares, podría pensar al echar mano de la prensa que algo muy gordo ha tenido que haber pasado en el Congreso para que políticos y tertulianos echen humo a partes iguales. Un golpe de estado, como mínimo. Pero si, movido por la curiosidad, se hubiera acabado metiendo de lleno en la lectura de crónicas y columnas, no me quiero ni imaginar la decepción tan grande que se iba a llevar al enterarse de los motivos de tamaña indignación. Ah, ¿que la cosa iba de rastas?, se podría haber preguntado ojiplático.

Como un tiro le ha sentado al ala dura de la política, y por extensión a sus adláteres de la pluma y el micrófono, que no se respeten las formas. O más bien, lo que ellos, representantes excelsos del maniqueísmo patrio, ese del “vestirse, peinarse, comportarse como Dios manda o ser un subversivo de baja estofa”, entienden por formas. ¿Qué entiende Celia Villalobos por formas cuando insinúa que un diputado tiene piojos por llevar rastas? Quizás a ella, que está tan acostumbrada a otro tipo de parásitos, lo que menos le preocupa en realidad sea la forma y mucho el fondo.

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13 ene

Un bebé en el Congreso

Las redes están que arden desde esta mañana porque  Carolina Bescansa se ha presentado a la sesión de constitución de las cortes con su bebé recién nacido en los brazos. A mí, que las redes digan lo que les venga en gana, que por algo las opiniones son libres y el ciberespacio ilimitado. Lo que me molestan son los grupúsculos de conservadurismo, ya sea en el fondo como en las formas, que ven una teta y se escandalizan -supongo que a ellos o ellas los debieron alimentar con gachas en su más tierna infancia y de ahí el rencor-, y que ya se han apresurado a poner el grito en el cielo, micrófono mediante, escudándose en la excusa del “hay que dar ejemplo”. ¿Qué clase de ejemplo le estamos dando a las mujeres que no tienen la oportunidad de llevarse a sus hijos al trabajo?, le he escuchado decir a una señora con bastante experiencia en esto de la política.

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12 ene

Hacienda somos todos (o casi)

Quién le iba a decir a la mismísima Cristina que empezaría el nuevo año sometida a este escrutinio, no sólo jurídico, sino especialmente público. Yo ayer la veía sentada en el banquillo de los acusados, aguantando el tipo toda cariacontecida y buenecita ella, y me venía a la memoria aquello de “Yo no sabía nada, tan sólo me limitaba a firmar lo que me decía mi marido”, más propio de la esposa solícita y dúctil de un Don Draper que de una mujer con no sé cuántas carreras y másteres, políglota, y un despacho en la última planta de La Caixa. Qué bochorno, oiga. Luego va la Fiscalía y dice que juzgar a la Borbona sería -y cito textualmente- “discriminación, ni más ni menos” y me entraron tales ganas de sacarles tarjeta roja que todavía hoy me pica horrores la mano.

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10 ene

No habrá paz para los catalanes

Confieso que ir a votar otra vez me daba bastante palo. Dime ciudadana de segunda, antipatriota o botiflera, pero es que joder, a este paso el clásico iba camino de dejar de ser el Barça-Madrid para convertirse en las elecciones catalanas.

Lo que ocurre es que la última intentona para desatascar el procés me convence menos que un teleoperador de Jazztel, básicamente porque todo lo que hace el señor Mas, conocido como Ártur allende la meseta, me huele a estratagema, a conspiración judeo-masónica, a trampas al solitario, a podrido. Como si cada puntada que diera el president –no sé si tan honorable como su mentor, habría que preguntar en Andorra- hubiera sido previamente hilvanada con un hilo cuatribarrado, para que, en caso de no acierto,  esa catalanidad irredenta que le ha obsequiado amores y odios a partes iguales lo mantenga indemne. Y así, haga lo que haga el enfant terrible de las Convergencias, parece que siempre sale airoso.

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09 ene

Una genial estrategia de marketing llamada Cristina Pedroche

Que nadie se engañe. La clave para triunfar ya no reside en el talento, sino en la capacidad para generar conversación social. O lo que es lo mismo, aquello que ya en su día anticiparía Oscar Wilde de “Que hablen de uno, aunque sea mal, pero que hablen”, convirtiéndose así en todo un visionario de la era del trendingtopismo y lo viral.

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